Ucrania

31.12.2017 00:00

 

Puesto 102

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2017 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 603.550 km2

Población:45.004.640 habitantes

Jefe de Estado: Petro Poroshenko

Presidente del Gobierno: Volodymyr Groysman

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 2.185

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 99,8%

Porcentaje de usuarios de Internet: 52,5%

 

 

 

 

BARÓMETRO 2017

  • 0 Periodistas asesinados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 2 Periodistas encarcelados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 0 Colaboradores encarcelados

 

 

 

El conflicto entre Ucrania y Rusia continúa afectando directamente a la prensa años después de la anexión de Crimea a Rusia. Si, en enero, el Consejo Nacional de Radio y Televisión prohibía la difusión en Ucrania del canal ruso independiente Dozhd, a quien acusaba de violar su integridad territorial y violar las restricciones sobre publicidad impuestas a ciertos canales extranjeros, en febrero el periodista Nikolai Semena, de Radio Free Europe/Radio Liberty, fue acusado de “pedir la violación de la integridad territorial de la Federación Rusa”.

 

En mayo las autoridades ucranianas ordenaron por decreto el bloqueo de 19 webs rusas, las redes sociales Vkontakte y Odnoklassniki, el buscador Yandex y el servicio de mensajería electrónico mail.ru. La justificación del decreto: la supuesta protección de los datos personales de los internautas ucranianos.

 

En julio desapareció en Donetsk el periodista y bloguero Stanislav Aseyev. Los territorios controlados por los separatistas en el este de Ucrania también van camino de convertirse en agujeros negros de noticias e información en los que rara vez son admitidos periodistas críticos y observadores extranjeros. El intercambio de prisioneros a finales de año con los separatistas de Lugansk puso en libertad al bloguero Eduard Nedeliayev, retenido desde noviembre de 2016, no así a Stanislav Aseyev.

 

Meses más tarde, en agosto, continuó la guerra de información en Ucrania con la detención del periodista Vasily Muravitsky por parte de las autoridades ucranianas, y la condena a 14 años de cárcel al bloguero Eduard Nedeliayev por parte de los separatistas prorrusos de Lugansk. Muravitsky fue acusado de alta traición, comprometer la integridad territorial de Ucrania, incitar al odio y apoyar actividades terroristas. Cargos muy similares a los atribuidos a Nedeliayev, acusado de “difamar a los ciudadanos”, “incitar al odio hacia la nación rusa” y “comprometer la seguridad nacional por dar información a agentes extranjeros”.

 

Ese mismo mes las autoridades ucranianas expulsaron a tres periodistas extranjeros: los reporteros españoles Antonio Pampliega y Ángel Sastre y la periodista rusa Anna Kurbatova, que fueran detenidos y expulsados del país, sin ningún procedimiento judicial. El Servicio de Seguridad del Estado aseguró que la expulsión de Kurbatova se debía a haber “perjudicado los intereses nacionales” de Ucrania. En el caso de Sastre y Pampliega, por un reportaje dedicado a los bombardeos ucranianos sobre la población civil.

 

A las dificultades que padecen los periodistas extranjeros, o los que trabajan para medios no ucranianos, se suman las iniciativas del gobierno hacia la prensa nacional. En septiembre el primer ministro de Ucrania pretendía someter al Parlamento del país la propuesta de reducir hasta la mitad el presupuesto de la radiotelevisión pública.

 

En apenas un mes las autoridades ucranianas detuvieron a dos periodistas extranjeros por orden de Interpol: el periodista uzbeko Narzullo Akhunzhonov, el 20 de septiembre, y el periodista azerbaiyano Fikret Huseynli el 18 de octubre. Reporteros Sin Fronteras volvió a pedir una reforma urgente del sistema de alertas de Interpol, al servicio de la persecución de periodistas más allá de las fronteras de sus países.

 

Además, Reporteros Sin Fronteras publicó este año el informe Media Ownership, dedicado a Ucrania. El análisis de la propiedad de los medios en el país reveló una creciente influencia de la política en un espectro mediático mayoritariamente dominado por adinerados propietarios privados. La falta de transparencia y los escasos cambios legislativos sobre la concentración de los medios agudizaban la situación de la prensa en Ucrania.