Pakistán

31.12.2017 00:00

 

Puesto 139

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2017 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 796.095 km2

Población: 193.203.480 habitantes

Jefe de Estado: Mamnoon Hussain

Presidente del Gobierno: Shahid Khaqan Abbasi [desde el 1 de agosto de 2017)

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 1.443

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 56,4%

Porcentaje de usuarios de Internet: 15,5%

 

 

 

 

BARÓMETRO 2017

  • 0 Periodistas asesinados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 1 Colaboradore asesinado
  • 2 Periodistas encarcelados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 0 Colaboradores encarcelados

 

 

 

Pakistán continúa siendo uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Al riesgo de las desapariciones forzadas se suman los auténticos agujeros negros informativos, como la región de Baluchistán, donde no circulan periódicos desde hace meses y los periodistas sufren el acoso y la censura de todas las partes en conflicto.

 

En enero desaparecieron cuatro blogueros poniendo de manifiesto, un año más, el constante acoso al que someten a periodistas y activistas que tratan temas sensibles, tanto los grupos extremistas armados como las fuerzas de seguridad.

 

Waqas Goraya, habitual crítico del gobierno y de los extremismos religiosos, y Asim Saeed desaparecieron en Lahore el 4 de enero. Salman Haider, profesor universitario, conocido por sus denuncias de las desapariciones forzadas en Baluchistán, desapareció él mismo en la capital, Islamabad, el 6 de enero. Un día después, Ahmed Raza Naseer, enfermo de polio, fue secuestrado en un comercio de Sheikhupura. Centenares de personas se manifestaron en varias ciudades del país para condenar estas desapariciones bajo el lema #RecoverAllActivists.

 

El riesgo a desaparecer súbitamente en Pakistán afecta tanto a prensa local como extranjera. Ese mismo mes de enero, Reporteros Sin Fronteras volvía a pedir la puesta en libertad del periodista estadounidense Paul Overby, autor del libro "Sangre sagrada: Una perspectiva interna de la guerra afgana", desaparecido en 2014 en la provincia de Khost cuando se desplazaba para entrevistar al líder de la red Haqqani para su nuevo libro sobre los talibanes y la guerra en Afganistán.

 

En junio, Reporteros SIn fronteras volvió a pedir a las autoridades paquistaníes más medidas de protección a la prensa, tras el atropello en Lahore del reportero Rana Tanveer, que cubría habitualmente temas relacionados con minorías religiosas, y que tuvo que ser hospitalizado con una pierna rota. Tanveer había sido amenazado dos días antes con una pintada frente a su domicilio (“eres un ateo que merece ser asesinado”), y ha sufrido frecuentes agresiones en los últimos años por cubrir para el Express Tribune la violencia ejercida contra minorías religiosas del país.

 

Ese mismo mes, también en junio, el periodista Taha Siddiqui, corresponsal de France 24, Babel Press y otros medios, denunció el acoso de la Agencia Federal de Investigación (FIA, en sus siglas en inglés) paquistaní, que le ordenaba presentarse en su departamento antiterrorista para ser interrogado. Un tribunal de Islamabad ordenó a la FIA dejar de perseguir a Siddiqui, pero en su lugar los agentes de este organismo se presentaron en su domicilio para llevarle una citación. “Cuando una persona es citada a la sede de la FIA, o termina detenido ilegalmente o desaparecido”, alegaba el periodista, negándose a comparecer.

 

En octubre la situación de la población civil, y en concreto de la prensa volvió un año más a ser crítica en la lucha entre el Ejército regular paquistaní y los grupos rebeldes armados en la región de Baluchistán. El primero impide la presencia de medios de comunicación -las autoridades han prohibido la mera mención a un conflicto armado- mientras que los segundos llegaron a emitir un ultimátum amenazando a la prensa para que empezara a “comportarse” y cubrir sus actividades. Tras sufrir represalias como el lanzamiento de explosivos o ráfagas de metralleta en las fachadas de las sedes de varios medios, el sector llegó a cerrar más de una veintena de clubs de prensa.

 

Además, el gobierno paquistaní amenazó con la aprobación de un “código de conducta” para la prensa escrita y medidas disciplinarias contra el editor del periódico Dawn, Zaffar Abbas, y su reportero Cyril Almeida, tras el escándalo Dawn Leaks, publicado en octubre de 2016. La oficina del primer ministro había restado importancia al caso, asegurando que “no tenía relevancia para los hechos y la actual discusión”, pero el Ejército mantuvo su intención de llevar a cabo una investigación para averiguar quién había difundido la información clasificada que acabó con la destitución de varios oficiales gubernamentales.