Oriente Medio y Magreb

17.12.2019 00:00

 

 INFORME ANUAL 2019 

 

ORIENTE MEDIO Y MAGREB

 

Arabia Saudí

 

Argelia

 

Bahréin

 

Egipto

Emiratos Árabes Unidos

 

Irak

 

Irán

 

Israel

Jordania

 

Libia

 

Marruecos

 

Siria

Territorios Palestinos

 

Túnez

 

Yemen

 

 

     02 Irak 
     01 Libia 
     10 Siria 
     02 Yemen

 

 

La evolución de los conflictos que continúan desgarrando Oriente Medio explica en gran medida estas estadísticas a la baja. Desde que estalló la guerra civil en Siria, hace más de ocho años, 2019 ha sido el menos mortífero para los periodistas: se han registrado 10 muertes, dos de ellas recientemente durante la ofensiva de Ankara en la frontera turco-siria contra los kurdos de las Unidades de Protección Popular (YPG), y otra más durante un bombardeo de la aviación rusa en la región de Idlib. Aunque Siria sigue siendo, junto con México, el país con el mayor número de muertes, está lejos de los años oscuros, 2012 y 2013, con 64 y 69 asesinados, respectivamente.


A medida que el grupo Estado Islámico (EI) se fue quedando acorralado en los confines orientales de Siria, en áreas ahora bajo el control de las fuerzas kurdo-árabes respaldadas por una coalición internacional, los periodistas y fotógrafos extranjeros pudieron ir narrando el fin del autoproclamado califato del EI sin contabilizar víctimas entre sus propias filas.

 

En Yemen, el balance menos mortífero de este año (2 muertes frente a las 8 de 2018) revela sobre todo una disminución de la actividad de los periodistas locales antes que una moderación de los combates. Cada vez menos periodistas yemeníes pueden ejercer su profesión en condiciones de seguridad aceptables. Más allá de los riesgos inherentes al enfrentamiento bélico, un periodista local se expone a ser atacado, secuestrado, detenido arbitrariamente por las fuerzas beligerantes, maltratado e incluso torturado, antes de ser condenado a muerte (ver el capítulo 5 - Periodistas secuestrados).


La información recabada sobre el terreno por RSF confirma que el peligro ha alcanzado tal nivel, que numerosos periodistas yemeníes prefieren abandonar su actividad. Es el caso de un redactor jefe del periódico Al Tafaseel, que se ha convertido en vendedor de artículos de segunda mano; o el de un periodista del diario Al-Thawra, que ahora trabaja como camarero en un restaurante en la capital, Saná, o el de un extrabajador del periódico Akhbar al-Youm, que en la actualidad se dedica a vender hielo.

 

 

 

 

     32 Arabia Saudí 
     01 Argelia 
     12 Bahréin 
     37 Egipto 
     01 Emiratos Árabes unidos 
     21 Irán
     02 Israel 
     01 Libia 
     09 Marruecos 
     28 Siria 
     12 Yemen 

 

A lo largo de 2019, Arabia Saudita y Egipto compitieron por el primer puesto de carceleros de Oriente Medio, seguidos de cerca por Siria. Los dos primeros países comparten las mismas cifras e idénticos procederes: ambos cuentan con más de 30 periodistas encarcelados y ambos dejan que los reporteros se pudran en la cárcel, tras recluirlos de forma arbitraria. Tanto en las prisiones sauditas como en las egipcias, la mayoría están detenidos sin juicio y sin que se les imputen cargos. De los 32 periodistas saudíes encarcelados que figuran en la lista de RSF, 22 están privados de su libertad sin ninguna acusación oficial. En Egipto, 30 de los 34 periodistas que están entre rejas nunca han sido condenados.
Cuando se celebran juicios, suelen ser injustos y a menudo se condena a los periodistas con elevadas penas de prisión. En 2014, el bloguero saudita Raif Badawi fue sentenciado a diez años de cárcel y a 1.000 latigazos por “insultar al Islam”. En Egipto, el periodista Abdel Rahman Shaheen está pagando un alto precio por su colaboración con el canal catarí Al Jazeera, odiado por el régimen. Condenado en un principio a seis años de prisión por presunta pertenencia a organización terrorista y por difundir noticias falsas, tres años después fue sentenciado a cadena perpetua por “homicidio”, acusaciones que él siempre ha desmentido.


La tortura es otro punto en común de ambos regímenes. En las cárceles sauditas, se aplica casi sistemática” par “se aplica de forma casi sistemática. En Egipto, la bloguera Esraa Abdel Fattah inició recientemente una huelga de hambre como protesta por la tortura y los malos tratos que sufrió durante su interrogatorio, tras negarse a proporcionar el código de su teléfono móvil a los policías.


Además de ocupar los peores lugares en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa (Egipto el 161 y Arabia Saudita el 172, de 180), estos dos países también se caracterizan por la presión constante a la que someten a los informadores, incluso después de que sean puestos en libertad. En Riad, la fundadora de SaudiWoman.me, Eman al Nafjan, quedó en libertad el 28 de marzo. Desde entonces, aún no ha retomado la pluma ni ninguna de sus actividades públicas. Ganadora del premio RSF 2019 en la categoría de Coraje, no pudo asistir a la ceremonia de entrega en Berlín. Eman al Nafjan todavía se expone a ser condenada a veinte años de prisión.


Haber sido oficialmente liberados, pero seguir expuestos a medidas cautelares es el destino de numerosos periodistas en Egipto. Sujeto a un estricto escrutinio judicial, el fotoperiodista Mahmud Abdelshakur abu Zeid, conocido como Shawkan, tiene que pasar todas las noches en una celda de comisaría. Durante cinco años, su libertad estará diariamente en suspenso entre las seis de la tarde y las seis de la mañana. Este sistema de libertad vigilada es una verdadera espada de Damocles. El bloguero Mohamed Oxygen fue arrestado de nuevo dos meses después de ser puesto en libertad condicional. Seis meses después salir de prisión, el bloguero y defensor de los derechos humanos Alaa Abdel Fattah, que también se ve obligado a pasar todas las noches en una comisaría de policía, no ha salido de las instalaciones policiales desde el 29 de septiembre. Los dos blogueros se incluyen en la ola de arrestos que siguió, a principios del otoño, al estallido de una protesta contra el poder.


En Siria, RSF pudo identificar a 26 periodistas encarcelados. Una cifra que probablemente esté por debajo de la realidad. Cientos de periodistas profesionales y periodistas ciudadanos han sido detenidos por el régimen, pero su rastro se pierde durante la detención. El año pasado, el gobierno de Bashar al-Assad, al actualizar el registro civil, reconoció la muerte bajo custodia de cientos de desaparecidos, entre ellos el periodista Niraz Saied.


La falta de atención también es una constante en las cárceles iraníes, como recuerda la activista de derechos humanos Narges Mohammadi. En mayo de 2019, a pesar de las recomendaciones específicas de sus médicos, esta periodista fue enviada de vuelta a su celda después de que fuera sometida a una grave operación quirúrgica. Las autoridades judiciales y penitenciarias no solo se negaron a permitir que siguiera hospitalizada, sino que su esposo ha atestiguado que, una semana después de que su esposa se sometiera a una histerectomía, también fue privada de su medicación y de su tratamiento con antibióticos. Un examen médico reveló que la infección que padecía se había extendido.