Marruecos

31.12.2017 00:00

 

Puesto 133

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2017 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 446.550 km2

Población: 35.276.790 habitantes

Jefe de Estado: Mohammed VI

Presidente del Gobierno: Saadeddin el Othmani [desde el 17 de marzo de 2017, en sustitución de Abdelilah Benkirán]

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 2.832

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 71,7%

Porcentaje de usuarios de Internet: 58,3%

 

 

 

 

BARÓMETRO 2017

  • 0 Periodistas asesinados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 1 Periodista encarcelado
  • 4 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 3 Colaboradores encarcelados

 

 

 

El deterioro de la libertad de prensa en Marruecos es lento pero constante. Los medios de comunicación independientes padecen presiones políticas y económicas de las autoridades del reino, que buscan disuadirlos de tratar temas delicados, como la monarquía, el islam y el Sáhara Occidental. En 2017, además, la ola de protestas en el Rif, en el norte de Marruecos, se convirtió en otro tabú informativo, con numerosas detenciones de informadores, condenas de cárcel y deportaciones de periodistas extranjeros, quienes también han de hacer frente a numerosas dificultades para poder informar de las líneas rojas impuestas por las autoridades.

 

Así, a finales de año, un periodista profesional, cuatro periodistas-ciudadanos y tres colaboradores de medios de comunicación estaban en prisión por haber cubierto las protestas. Cabe destacar que, en la misma fecha en 2016, ningún periodista se encontraba detenido en Marruecos.

 

En mayo, Houssein Al Idrissi, fotógrafo de la web Rif Press, y Fouad Assaidi, fueron detenidos en la ciudad de Alhucemas, en el Rif, e inmediatamente trasladados a Casablanca para que los interrogase la policía judicial. Poco después, el director de Rif Press, Mohamed El Hilali, fue condenado a cinco meses de prisión por los cargos de “insultar a policías en el curso de su trabajo” y “manifestarse sin autorización previa”. Además, la web de noticias fue cerrada.

 

Abdelkebir Al Hor, fundador y editor de la web independiente de noticias Rassdmaroc, fue detenido a principios de agosto y transferido a Casablanca, donde pasó cinco días en custodia policial antes de ser llevado ante un juez en Rabat. Acusado de “favorecer el terrorismo”, “incitar a la desobediencia” e “insultar a la autoridad del Estado”, a finales de año se encontraba en detención preventiva pendiente de la conclusión de la investigación judicial.

 

El 12 de septiembre, un tribunal de apelación de Alhucemas, en el Rif, multiplicó por cuatro la sentencia de tres meses de cárcel impuesta unas semanas antes a Hamid El Mahdaoui, director del digital Badil.info, por “incitar a una manifestación prohibida”. El periodista fue detenido el 20 de julio en Alhucemas, donde se encontraba para cubrir una manifestación pacífica prohibida por las autoridades. Fue condenado cinco días más tarde a tres meses de prisión y a una multa de 20.00 dirhams (unos 1.800 euros). Además, a finales de año, Mahdaoui todavía estaba a la espera de ser juzgado en Casablanca por “no haber denunciado un delito que ponía en peligro la seguridad del Estado”, lo que podría conllevar otra pena de dos a cinco años de cárcel.

 

Conocido por sus críticas a las autoridades y por sus vídeos de YouTube comentando acontecimientos de actualidad, Mahdaoui ha sido objeto de al menos diez procedimientos legales de diversos tipos, incluyendo querellas por difamación, en los últimos años. En julio de 2015, por ejemplo, fue condenado a cuatro meses de prisión condicional por unos artículos que revelaban que la policía torturó a un activista en una comisaría de Alhucemas. Apenas un año más tarde, en junio de 2016, fue condenado nuevamente por un artículo que acusaba al ministro de Justicia de reclamar gastos de viaje excesivos.

 

Otros cuatro periodistas ciudadanos o colaboradores de medios de comunicación se encontraban a finales de año en prisión preventiva en Casablanca por cubrir las protestas. Se trataba de Mohamed Al Asrihi y Jawad Al Sabiry, del digital Rif24; Abd Al Ali Haddou, presentador de la televisión por internet AraghiTV; y el reportero de Badil.info Rabiaa Al Ablak.

 

Los periodistas extranjeros que intentaron cubrir los disturbios en el Rif tampoco se salvaron de la censura y represión de las autoridades. Jamal Alilat, conocido reportero del diario argelino El Watan, fue detenido en Nador a finales de mayo y deportado de Marruecos, después de permanecer retenido durante más de 24 horas, sin que le devolvieran el equipo que le habían confiscado.

 

En junio, las autoridades marroquíes suspendieron la emisión del canal en lengua árabe de la televisión pública francesa France 24. Previamente, el proveedor de servicios en Marruecos de este canal había recibido una llamada del Ministerio de Comunicación ordenando el cese inmediato de toda actividad en el país, con el argumento de que carecía de los permisos necesarios para emitir.

 

Un mes más tarde, en julio, dos periodistas del diario francés L'Humanité, la reportera Rosa Moussaoui y el fotógrafo Ayoub Benkarroum, fueron hostigados por los servicios de seguridad mientras cubrían una manifestación en apoyo de los detenidos en Mequínez.

 

A finales de ese mismo mes, los periodistas españoles José Luis Navazo y Fernando Sanz fueron llevados sin explicaciones al puesto fronterizo con Ceuta, después de varias semanas cubriendo la ola de protestas en la norteña región del Rif. Sanz estaba a punto de regresar a España y de finalizar un mes de trabajo cubriendo las revueltas en Alhucemas, así como otras historias relacionadas con la situación de la región, como colaborador de Correo Diplomático. Su caso es muy diferente del de Navazo, propietario y director de este mismo medio, que dejaba atrás 17 años de residencia en el país, así como una esposa marroquí y dos hijos de nacionalidad española.

 

Sin embargo, las protestas del Rif no han sido el único tema tabú que ha afectado a los periodistas durante el año. El 24 de mayo, por ejemplo, se reanudó el proceso judicial contra siete activistas, entre ellos cinco periodistas, acusados de “poner en peligro la seguridad y la integridad del Estado” y recibir “financiación extranjera ilegal” por organizar un programa de formación sobre periodismo ciudadano y el uso de teléfonos inteligentes.

 

Los acusados -Maati Monjib, Sasmad Ayach, Maria Moukrim, Rachid Tarik y Hicham El Mansouri- eran periodistas o colaboradores habituales en medios marroquíes como Lakome2 o Zamane y miembros de la Asociación Marroquí de Periodismo de Investigación (AMJI). También fueron acusados Hicham Khreibchi, exdirector de la Asociación de Derechos Digitales (ADN), y Mohamed Essabeur, director de la Asociación para la Educación y Juventud de Marruecos (AMEJ). En algunos de los casos, los cargos podrían suponer hasta cinco años de prisión. El juicio comenzó en noviembre de 2015 y ha sido aplazado varias veces desde entonces.

 

Por otro lado, una encuesta conjunta realizada por la web marroquí de noticias Le Desk junto a RSF reveló que, aunque el mercado de medios del reino ha crecido en tamaño y complejidad desde que acabó el monopolio estatal de radiodifusión y se abrió la puerta a empresas privadas, en 2005 nueve de las 36 compañías de medios más influyentes de Marruecos están directamente relacionadas con el Estado, el gobierno o la familia real.

 

Cuatro de ellas, SOREAD, SNRT, EcoMedias y Horizon Press, se encuentran entre las principales empresas en términos de facturación, y muestran la influencia potencial de los propietarios de medios con vínculos políticos. La familia real es ya de por sí un propietario de medios líder. Su holding, la Société Nationale d'Investissement (SNI), tiene acciones en cuatro empresas de medios, tres de ellas entre las cinco principales (SOREAD, EcoMedias y Radio Méditerranée Internationale).

 

Además, la encuesta mostró que cada sector de los medios tiene diferentes características de propiedad. Así, el Estado es el principal propietario en el sector de la televisión, junto con la familia real y uno de los hombres de negocios más ricos de Marruecos. El sector de la radio está dominado por el Estado, pero su propiedad es, por lo demás, más diversa, con varias empresas más pequeñas que han surgido en los últimos diez años. Por su parte, los medios impresos están claramente divididos entre las publicaciones de habla árabe -que están en auge y cuyos propietarios provienen en su mayoría del mundo del periodismo-, y las de habla francesa, que están en decadencia y entre cuyos accionistas se cuentan figuras destacadas del sector comercial y financiero marroquí. Los medios digitales siguen siendo los más fragmentados en términos de propiedad.