Libia

31.12.2018 00:00

 

Puesto 162

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2018 de la Libertad de Prensa

Superficie: 1.759.540 km2

Población: 6.754.507 habitantes

Jefe de Estado y Presidente del Gobierno: Fayez al Sarraj

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 7.998

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 91%

Porcentaje de usuarios de Internet: 20,3%

 

 

 

Dos realidades marcan la escasa información que sale de Libia: por una parte, la ausencia de periodistas extranjeros por las dificultades para obtener el visado y por el elevado grado de peligrosidad del país, debido a la inestabilidad política interna y al enfrentamiento que se mantiene, siete años después de las revueltas que desencadenaron en una guerra civil y en la caída de Muammar Gaddafi tras más de décadas en el poder; y por otra, el éxodo de periodistas locales que trabajaban para medios internacionales o que en 2011 crearon medios independientes, que son acosados o cerrados. Un total de 67 informadores han abandonado el país y 8 medios de comunicación libios están trabajando desde otros países árabes.

 

El 20 de diciembre, se produjo el último caso: Ismail Ali Bouzriba, periodista de la agencia de noticias Libyan Cloud y Ajdabia TV, fue detenido por las autoridades del Este del país, cuando cubría un evento cultural en la ciudad de Ajdabiya, acusado de ser el corresponsal de Anaabaa TV, un medio de comunicación prohibido en la parte del país que está bajo el control del general Khalifa Haftar.

 

En el Oeste del país, bajo el mandato del primer ministro, Fayez Al-Sarraj, desde marzo de 2016, la situación no es muy diferente. El Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, en sus siglas en inglés), reconocido por la comunidad internacional, se interpone y hace peligrar constantemente el trabajo de los periodistas.

 

El reportaje de la CNN (de noviembre de 2017) sobre la venta de migrantes subsaharianos como esclavos en Libia endureció los requisitos para obtener un visado y el control sobre los periodistas libios que trabajan como traductores o fixers (producción y logística) de medios internacionales.

 

El Departamento de Medios Extranjeros (FMD) del Ministerio de Asuntos Exteriores libio es el encargado de autorizar los visados a periodistas. Antes, se podían obtener en el consulado de Libia en Túnez, pero ahora el trámite debe realizarse directamente con el FMD en Trípoli, resultando un proceso lento y tedioso con el objetivo de que apenas se viaje al país magrebí. Los periodistas están intentando obtener el visado a través de las representaciones diplomáticas en capitales europeas, sobre todo en París, donde antiguos funcionarios del consulado libio ofrecen sus servicios como intermediarios por 150 euros.

 

Una vez que se logra acceder al país, cualquier desplazamiento, entrevista o visita requiere de uno o varios permisos. Un reportero asegura haber esperado 10 días para obtener una autorización para visitar un campo para migrantes, y una periodista malgastó 8 de los 15 días que estaba autorizada a permanecer en el país esperando la autorización para hacer entrevistas en las calles de Trípoli.

 

A mitad año, el FMD rescindió las acreditaciones de todos los corresponsales de medios extranjeros con sede en Trípoli alegando “la creación de nuevos procedimientos”. RSF pudo saber que, entre las nuevas reglas, los periodistas deberán llevar siempre una vestimenta visible con la palabra “Press” y el logo AMD, convirtiéndose en blanco fácil para las milicias.

 

El acoso se traduce en interrogatorios intimidatorios a periodistas locales que trabajan con medios internacionales y el acompañamiento por agentes de los servicios de Inteligencia, que vigilan a los profesionales extranjeros. “En el FMD me dijeron que era necesario, desde el reportaje de la CNN, y que el Gobierno ya no podía permitir a los periodistas trabajar por su cuenta”, asegura un reportero. Otro afirma que los acompañantes tienen un control total sobre los periodistas.

 

Además, el 7 de mayo entró en vigor el artículo 13 del Decreto Nº 555, que convierte a la milicia Al Radaa (1.500 combatientes al mando de Abderraouf Kara, un caudillo salafista), responsable de secuestrar, detener y torturar a muchos periodistas y de saquear en dos ocasiones la sede de Annaba TV, en una unidad contra el crimen, la delincuencia y el terrorismo, con amplios poderes de vigilancia técnica para interceptar “información que pueda comprometer la seguridad, la paz social o la seguridad nacional (…) en redes sociales y en medios de comunicación”.

 

Los ex periodistas Suleiman Qashout y Ahmed Yaacoubi fueron secuestrados por miembros de Al Radaa, el 29 de abril. Sus familias no tienen noticias de ellos desde entonces. Qashout y Yaacoubi son los organizadores del Premio Septimus, que otorga cada año a medios de comunicación, periodistas y artistas libios.

 

En 2019, se celebrarán elecciones generales en las que se elegirá al presidente y a los miembros de la Cámara de Representantes (Parlamento). Será una buena ocasión para comprobar si el Gobierno de Sarraj está interesado en cambiar la imagen de control férreo, que cada vez se acerca más a la situación a la que Gadafi sometía a los profesionales de los medios.