Irak

31.12.2018 00:00

 

Puesto 160

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2018 de la Libertad de Prensa

Superficie: 441.839 km2

Población:38.274.618  habitantes

Jefe de Estado: Barham Salih [desde el 2 de octubre de 2018, en sustitución de Fuad Masum]

Presidente del Gobierno: Adil Abd Al Mahdi [desde el 24 de octubre de 2018, en sustitución de Haider Al Abadi]

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 5.166

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 79,7%

Porcentaje de usuarios de Internet: 21,2%

 

 

Quince años después de la ofensiva estadounidense contra el régimen de Saddam Hussein, el país sigue siendo uno de los más peligrosos para los periodistas. El acceso a los visados es siempre un proceso largo y tedioso, pero en las elecciones parlamentarias de mayo se permitió el acceso, dejando la responsabilidad a los profesionales de lo que les pudiera pasar al trabajar en según qué zonas. Para los periodistas extranjeros, el apoyo de los fixer (la persona que traduce y colabora en la producción y logística del trabajo), es casi imprescindible para intentar reducir al máximo la inseguridad.

 

Los periodistas están en el objetivo de los francotiradores de las milicias pro-gubernamentales, así como de las milicias de la oposición, entre las que se incluye al autodenominado Estado Islámico. Y los periodistas iraquíes están obligados a trabajar en un entorno muy politizado y, a menudo, son utilizados como herramienta política.

 

Además de los enfrentamientos políticos, la prensa cubre la grave situación socio-económica del país y los casos de corrupción que siempre suponen una amenaza mayor para una clase política muy alejada de la crítica democrática.

 

Las detenciones e intimidaciones contra periodistas en Internet crecieron motivadas por la ola de protestas de julio. Ahmad al Abdi, redactor jefe de la oficina de Dijlah TV en la ciudad de Nayaf (160 kilómetros al sur de Bagdad) y dos de sus cámaras fueron agredidos con gases lacrimógenos, insultados y amenazados, a pesar de ir correctamente identificados como periodistas. Acabaron detenidos durante tres horas, mientras cubrían las protestas en el aeropuerto de Nayaf, el 13 de julio.

 

Le ocurrió lo mismo al corresponsal de Al Nujaba TV, Isaa Al Atwany, cuando cubría las protestas por el desempleo, la corrupción y la pobre gobernanza de Babil, al sur de Bagdad, al ser atacado por la policía. Llegaron a romperle un brazo y luego se disculparon, en un gesto inusual.

 

Muchos periodistas han recibido mensajes de advertencia, “avisos”, o amenazas claras y directas por parte de las fuerzas de seguridad o de las milicias pro-gubernamentales. Es el caso del reportero Haydar Sakleh, de Asia Sat, cuando fue detenido junto con su fotógrafo brevemente por los miembros de la milicia chíi progubernamental, Asaib Ahl Al Haq, durante las manifestaciones de Najaf. Les obligaron a firmar un documento en el que se comprometían a dejar de cubrir las protestas. Un requisito al que se sometió a al menos otros cuatro periodistas durante esos días, según la ONG que defiende a periodistas Observatorio de Libertades Periodísticas (JFO, en sus siglas en inglés). Sakleh también sufrió lo que él relató como un ataque premeditado, al lanzar la policía una granada contra él, cuando esperaba fuera de la oficina del gobernador, identificado como periodista, para entrevistarle. Tuvo que ser sometido a una operación por las heridas que la explosión le causaron en la oreja.

 

La policía trabajó esos días con listas de periodistas locales y nacionales a los que vigilaba de cerca, mientras estaban trabajando; les llegó a perseguir hasta sus casas, como aseguró que le ocurrió a Haider Hadi, uno de los pocos periodistas independientes de la ciudad chií de Karbala (100 kilómetros al suroeste de la capital iraquí).

 

A mediados de julio, el acceso a Internet quedó bloqueado, siendo imposible conectarse a las redes sociales durante días, y con un acceso parcial y muy lento a la red por las tardes. Los periodistas tuvieron que trabajar a través de VPN y sin poder publicar en tiempo real lo que estaba pasando en las calles. La explicación oficial fue: “por razones de seguridad y después de que los manifestantes hubiesen abusado de las redes sociales”.

 

Es la primera vez, desde la ofensiva de 2003, que Irak se veía sometida a una desconexión tan masiva. Desde el exilio, el periodista Oday Hatem, que dirige en Francia la Asociación de Defensa de la Libertad de Prensa, explicó: “El objetivo principal es ser capaces de terminar con las manifestaciones sin ser vistos y restringir la cobertura de los medios internacionales lo máximo posible”.

 

También hubo un caso de detención breve, a modo de advertencia, a un periodista que investigaba en Falluja un caso de corrupción para la televisión Sharqeya, un canal que según JFO intentó cerrar el gobernador de Al Anbar, en diciembre de 2017, por estar dirigido por su rival político, el empresario Saad Al Bazzaz. Le ocurrió algo similar a Hossam Al Kaabi, un reportero de Nayaf, acosado repetidamente por su cobertura de un caso de corrupción en el que está implicado el antiguo equipo directivo del aeropuerto local. El silencio del canal NRT se logró al tener que cerrar por razones financieras, por no poder asumir los 15 millones de dinares (10.745 euros) como fianza por la orden de arresto contra Al Kaabi.

 

Las graves violaciones contra la libertad de la prensa siguen teniendo un foco particularmente virulento en el Kurdistán iraquí. En el quinto aniversario de la muerte del editor Kaza Germyani, aún no se ha logrado que se reabra el caso para aclarar responsabilidades y que la violencia contra los periodistas no quede impune. Editor de la revista Rayal, a Germyani le dispararon al salir de su casa en la ciudad de Kalar, suroeste del Kurdistán iraquí, mientras investigaba la corrupción política y tras haber recibido amenazas del partido en el poder, la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK) en la región de Sulaymaniyah. La familia pidió en vano que se investigara a dos oficiales del PUK, que le aseguraron que “pagaría con el precio más alto la publicación de sus reportajes”. El caso se resolvió con la sentencia a cadena perpetua, en 2015, de un hombre que confesó el crimen, a pesar de que se retractó en varias ocasiones.

 

Durante la última década, siete periodistas han sido asesinados en el Kurdistán iraquí a manos, según sus familiares, de maleantes u oficiales de la seguridad de los dos partidos mayoritarios de la región, el KDP y el PUK, o de miembros de la seguridad nacional. Sólo en dos de los casos se inició una investigación incompleta.

 

Saif Hilal Al Azawi, editor de Adhamiya News, una página de Facebook que proporciona información sobre esta zona situada al nordeste de Bagdad, fue secuestrado el 1 de octubre por miembros de las fuerzas de la seguridad especial iraquíes, según narraron testigos a la JFO. Se desconoce su paradero, por lo que se considera que es una desaparición forzosa, y las acciones judiciales emprendidas contra él tras acusarle de hacer “chantaje a políticos” a través de publicaciones online han quedado pendientes.