INFORME ANUAL 2018 | ASIA

31.12.2018 00:00

 

Introducción:

Un año más, el continente más peligroso del mundo para la prensa

 

El continente asiático es, por segundo año consecutivo, el más mortífero para la prensa en el mundo. Con casi una treintena de informadores asesinados, en Asia se instigan las peores tendencias de acoso a la prensa, a través de asesinatos y encarcelamientos de informadores, pero también a través de una forma de presión e intimidación que este año ha cobrado especial virulencia en países como India o Bangladesh.

 

La alarma se dispara por tratarse de presiones que provienen, no sólo de las autoridades, sino de amplios sectores de la población, que se suman a campañas de acoso e intimidación a periodistas, la mayoría por motivos religiosos. Periodistas como Rana Ayyub o Ravish Kumar, en la India, o el bloguero Asaduzzaman Noor, en Bangladesh, han vivido auténticos calvarios.

 

El fanatismo religioso ha sido la principal causa de los asesinatos en el continente, donde destaca Afganistán, con 14 informadores asesinados. El doble atentado que mató a nueve informadores en Kabul, reivindicado por el autodenominado Estado Islámico, fue el más mortífero de los ataques suicidas que ocurrieron en el país.

 

En Pakistán o Filipinas continúa siendo muy peligroso investigar actividades relacionadas con el narcotráfico o con políticos locales. Ambos países tienen en común, además de tres asesinatos de periodistas en 2018, los intentos de censura por parte de las autoridades a reconocidos medios del país. En Filipinas el acoso fiscal a la web Rappler y a su presidenta, la periodista Maria Ressa, amenaza, no sólo la supervivencia del medio, sino la libertad de Ressa, que se enfrenta a una posible pena de diez años de cárcel. En Pakistán, la obsesión de censurar las declaraciones del ex primer ministro Nawaz Sharif llevó a la retirada de la distribución de uno de los medios más antiguos del país, el periódico Dawn.

 

La censura no retrocede en el continente. Las autoridades de Vietnam han batido récords este año emitiendo la sentencia más elevada jamás recibida por un bloguero por actividades relacionadas con informar y opinar. Vietnam y China continúan siendo las prisiones más grandes del mundo de informadores junto con Turquía y Egipto. Pese a las contadas veces que ponen en libertad a algunos presos –y que suelen terminan en un exilio inmediato– la realidad es que año tras año ingresan en sus cárceles periodistas y blogueros en un goteo sin fin.

 

Especial importancia cobra la censura a las actividades relacionadas con determinadas comunidades, como la uygur en China, la rohingya en Myanmar, o la pashtum en Pakistán. El encarcelamiento y condena de dos periodistas de Reuters, Wa Lone y Kyaw Soe Oo, en Myanmar, puso de manifiesto la inflexibilidad del Gobierno liderado por Aung San Suu Kyi, empeñada en matar al mensajero pese a las presiones internacionales y pese a la condena militar que reconoce la culpabilidad del Ejército birmano en la matanza de civiles de la comunidad rohingya.

 

Mientras, varios países continúan endureciendo sus respectivas legislaciones para mermar las actividades de la prensa. Destacan iniciativas como la australiana de redefinir el concepto de espionaje para castigar la mera posesión de información clasificada, o la persecución a la “difusión de falsedades en internet” de Singapur. La esperanza de un cambio de rumbo en Malasia se ha visto truncada con la no derogación de la restrictiva ley de noticias falsas, pese a las promesas del nuevo presidente.

 

Finalmente, la crisis política en Sri Lanka ha demostrado una vez más que los medios de comunicación son uno de los principales objetivos cuando se desata el caos. Políticos y sus simpatizantes ocupan inmediatamente redacciones, cortando o modificando sus emisiones.

 

Lucía Campoamor

 

 

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