INFORME ANUAL 2018 | ÁFRICA

31.12.2018 00:00

 

Introducción:

Ser periodista en África es sumamente peligroso 

 

El periodismo en África es una actividad extremadamente peligrosa. Seis periodistas fueron asesinados en el continente por causas directamente relacionadas con su actividad informativa: tres en Somalia, país en guerra desde hace años y el más peligroso de todo el continente para periodistas, por disparos de la policía y por atentados del extremismo islámico; y otros tres en la República Centroafricana, en este caso por disparos de asaltantes, durante un episodio relacionado con la intervención de fuerzas rusas en el conflicto. Pero, hubo más episodios de violencia a lo largo de 2018: un periodista murió también asesinado en Liberia, apuñalado y arrojado a la calzada desde un coche, sin que se recoja su caso en el Barómetro de RSF, debido a la falta de una investigación exhaustiva. Otros dos periodistas salvaron su vida milagrosamente: uno sobrevivió a la explosión de una bomba colocada en su coche en Somalia, y otro logró escapar de otro vehículo, en Kenia, en el que trataron de matarle los guardaespaldas de un ministro, molesto por la publicación de su aventura con una amante. En Malí, el responsable de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación del país (que dimitió poco después), citó a un bloguero en su despacho para propinarle una paliza monumental y obligarle a beber su propia orina por haber publicado que esa Comisión apenas tenía actividad, ni ofrecía resultados.

 

El riesgo para los periodistas en África aumenta si pretenden llevar a cabo investigaciones independientes sobre el desempeño de los gobiernos, o los numerosos casos de corrupción que afectan a muchos de ellos. Pero en muchas ocasiones el peligro está en interesarse en algo tan elemental como los candidatos en unas elecciones, incluidos los de la oposición, o por cubrir las manifestaciones de protesta de los ciudadanos cuando hay una subida de precios, por ejemplo.

 

Difundir en África aquello que a un gobierno autoritario no le guste, o que moleste al ejército o la policía, puede tener terribles consecuencias para el reportero que lo escriba, lo fotografíe o lo relate en la radio, y además muy serias repercusiones para los medios que decidan publicarlo.

 

Hay países en África que son verdaderos agujeros negros para la información, como Eritrea o Guinea Ecuatorial, donde sencillamente no hay prensa que informe de nada, por la desaparición de los propios medios y la encarcelación de los periodistas, en el caso de Eritrea, o por la instauración de una censura total y absoluta, caso de Guinea Ecuatorial. En otros países con aparente libertad de información, las detenciones e intimidaciones de los periodistas, o las restricciones, cierres, multas y suspensiones de medios son tan frecuentes que resulta imposible informarse de lo que sucede en ellos de forma regular. Un dato que resume la situación: la tercera parte de los países africanos está en los últimos puestos de la Clasificación Mundial de RSF sobre la libertad de información y ningún país africano está entre los veinte primeros puestos.

 

Este año en concreto, a la tendencia generalizada de endurecer las leyes que regulan la información y los medios en cada país se ha añadido una nueva medida restrictiva sobre internet iniciada por Uganda y seguida con entusiasmo por otros países como Tanzania, Zambia y Benín: gravar con tasas e impuestos desmesurados el uso privado de las redes sociales y la telefonía, con la excusa de no fomentar “los chismes” en la red, y encarecer hasta límites imposibles las licencias para abrir páginas web, como si se persiguiera en realidad controlar la información en línea y silenciar la blogosfera.

 

A destacar también respecto al endurecimiento de las leyes, el caso de Mauritania donde se promulgó una nueva normativa aun más dura sobre la blasfemia, que la castiga con la muerte, incluso aunque haya arrepentimiento y que se puede aplicar retroactivamente, lo que mantiene todavía en prisión, y en paradero desconocido, al bloguero Mohamed Cheikh, condenado a la pena capital hace cuatro años y, posteriormente, a dos años de cárcel, ya cumplidos, por cuestionar en un post las leyes laborales islámicas del país.

 

África es el continente con mayor número de depredadores de la libertad de información, ya que sigue albergando hasta diez, algunos ya alejados del poder, pero aún en la lista de RSF. Sin embargo, a pesar de toda esta carga de terror y extremas dificultades que tratan de estrangular el periodismo en África, también se deben reseñar algunas señales de esperanza: los gobiernos de Gambia y de Etiopía han dado algunos pasos alentadores en relación a la libertad de información. Las necesarias reformas en sus leyes se demoran más de lo deseado, pero en ambos países se ha liberado a periodistas, han vuelto muchos que estaban exiliados desde hacía años y se han reabierto cientos de sitios de internet y publicaciones antes proscritas, además de crearse nuevas.

 

Macu de la Cruz

 

 

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