INFORME ANUAL 2017 | INTRODUCCIÓN GENERAL

31.12.2017 00:00
Sombras inquietantes para el periodismo en buena parte del mundo. La búsqueda de la verdad tiene un precio muy alto
 
 
El Informe que desde hace años elabora la sección española de Reporteros Sin Fronteras es una herramienta que pretende lo que toda buena herramienta, ser útil. Los periodistas no somos propietarios del derecho a la información, sino sus albaceas, sus primeros empleados. De nosotros depende el compromiso con la integridad, de contar el mundo en toda su complejidad, de buscar la verdad por encima de todas las cosas, de no regatear esfuerzos para lograrla, y de mantener siempre vigente ese pacto sagrado con los lectores. En su libro Verdad y mentira en la política, la filósofa alemana Hannah Arendt, que huyó de la Alemania nazi a Estados Unidos, ya sabía que “el hombre que dice la verdad pone su vida en peligro”. No queremos héroes, pero admiramos a quienes por buscar la verdad y contarla les arrebatan la vida o la libertad. Ejerciendo el periodismo.
 
 
Del buen periodismo depende el conocimiento veraz de las cosas, que los ciudadanos sepan a qué atenerse, puedan comprobar en qué medida coincide lo que dicen y lo que hacen sus gobernantes, sus empresarios, sus políticos, sus policías, sus jueces, sus sindicatos, sus líderes religiosos. Del buen periodismo depende la salud democrática de un país.
 
 
¿Por qué es relevante en este momento una película como Los archivos del Pentágono? Porque la libertad de información está amenazada como lo estuvo cuando el Gobierno de Richard Nixon intentó impedir que los periódicos The New York Times y The Washington Post difundieran el informe McNamara, los llamados Papeles del Pentágono, que reconocía que la Casa Blanca había mentido a los estadounidenses sobre la guerra de Vietnam. «En los Documentos del Pentágono –se lee en el libro de Hannah Arendt– nos encontramos con hombres que hicieron todo lo posible para conquistar la mente de las personas, esto es, para manipularla. Ahora bien, debido a que trabajaban en un país libre, donde se dispone de todo tipo de información, nunca triunfaron del todo». 
 
 
La búsqueda de la verdad (como sabían los 65 periodistas asesinados, y como saben los 54 periodistas secuestrados y los 326 detenidos en 2017) es uno de los principales objetivos de la prensa, y tiene un precio muy alto. Las falsas noticias (las ya famosas fake-news) no solo son un fraude, sino que además son muy fáciles de fabricar y difundir. Propaganda e intoxicación, posverdad que trata no sólo de extender la especie de que todo es opinable, sino de desprestigiar al buen periodismo. Una tendencia peligrosa y global inspirada o atizada desde centros de poder con intereses concretos, con Rusia a la cabeza.
 
 
Del informe elaborado este año por la sección española de Reporteros Sin Fronteras se deduce una tendencia que rastreamos con especial preocupación en África pero que no es privativa de ese continente informativamente olvidado: se reducen las coberturas tanto de medios locales como internacionales, muchos periodistas optan por el exilio o el cambio de profesión, muchos medios se cierran por hostigamiento de dirigentes que son verdaderos depredadores de la libertad de expresión.
 
 
Un año más, México vuelve a ser el país más mortífero para los medios de comunicación en América, pese a que la nación no está en guerra, aunque sí se vive en un ambiente violento fundamentalmente por las mafias y los cárteles que conviven con los poderes políticos y gubernamentales y una desoladora impunidad para buena parte de los crímenes.
 
 
Si echamos la mirada más al norte, por encima de la frontera, del gran muro a medio construir (que inició Bill Clinton y que Donald Trump pretende reforzar), no hay motivos para la celebración. Al contrario. La llegada de Trump a la Casa Blanca ha supuesto un serio retroceso para la libertad de prensa en el país.
 
 
Si damos un gran salto en el mapa y aterrizamos en el país que podría disputar a Estados Unidos el liderazgo mundial, vemos todavía más problemas para la libertad de información. Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz 2010, murió de cáncer en un hospital al que las autoridades solo le llevaron cuando era demasiado tarde, y donde pasó sus últimos días sometido a estrictas medidas de vigilancia, muestra de la intransigencia del régimen chino ante la disidencia. China, junto con Vietnam, está a la cabeza del penoso escalafón de países con más informadores encarcelados en el mundo.
 
 
A las dificultades para informar de triste avatar de la comunidad rohingya se añade la pesadumbre de contemplar cómo el prestigio de la Premio Nobel de la Paz birmana Aung San Suu Kyi quedaba en entredicho por su negativa a denunciar la limpieza étnica desatada por su gobierno contra la minoría musulmana.
 
Democracias que presumen de serlo, como Australia, con una atroz política contra la inmigración, se ha alineado este año con países que pretenden acabar con la confidencialidad de los usuarios de plataformas de mensajería en nombre de la lucha contra el crimen o el terrorismo. Reino Unido, Alemania y Francia han encabezado en 2017 una ofensiva legislativa con gravísimas consecuencias para el periodismo.
 
 
Uno de los casos que estremeció la conciencia europea e indignó a Reporteros Sin Fronteras fue el brutal asesinato perpetrado con un coche bomba en Malta, el estado más pequeño de la Unión Europea, de la periodista Daphne Caruana Galicia, volcada en la investigación de los casos de corrupción en la isla. También en Europa, “quien dice la verdad pone en peligro su vida”.
 
 
El 2017 ha habido una primera reacción de la Unión Europea ante las derivas autoritarias de países miembros como Polonia y Hungría, donde peligra la división de poderes, y el trabajo de la prensa independiente se hace cada día más difícil. Y es de destacar la voluntad de la ONU de crear, a petición de RSF, un representante especial del secretario general de la ONU para la protección de los periodistas.
 
 
La violencia extrema de las guerras en Siria, Irak, Yemen y Libia sigue arrojando un balance desolador para la libertad de prensa en Oriente Próximo.
 
   
Sin conocimiento no hay conciencia. Sin información no hay memoria. Sin prensa libre, la democracia está bajo arresto. No conviene olvidar que sigue aumentando el número de secuestros en las zonas en conflicto. A finales de año, al menos 52 periodistas y periodistas–ciudadanos estaban en manos de grupos extremistas, principalmente el Estado Islámico, Al-Nusra y los rebeldes hutíes. Al menos 29 periodistas, más de la mitad del total de rehenes, estaban bajo custodia en Siria; 12 en Yemen y 11 en Irak.
 
 
Turquía es ahora mismo, junto a México, un permanente foco de inquietud para RSF. El régimen de Erdogán no retrocede en su órdago para eliminar el periodismo independiente. Turquía es, junto con China, la mayor cárcel de periodistas del mundo.
 
 
España no ha sido ajena a la deriva autoritaria de Estambul, ya que ha sido escenario de un hecho insólito: la detención y encarcelamiento de periodistas por orden del Ejecutivo turco: el periodista sueco de origen turco Hamza Yalçin y del escritor turco-alemán Dogan Akhanli, ambos por sendas órdenes de Interpol emitidas por la justicia turca. Desde hace ya tiempo, RSF viene denunciando el abuso que determinados regímenes no democráticos realizan de las “red notes” u órdenes de Interpol, para boicotear a los informadores exiliados en otros países e intentar su repatriación.
 
 
El conflicto que ha enfrentado durante los últimos años a las fuerzas independentistas catalanas con el gobierno central de Madrid ha ido pasando una lenta pero constante factura al periodismo en la región. Los últimos tres meses de 2017 figuran ya entre los más negros de la historia democrática en lo que a la libertad de prensa en Cataluña se refiere. Antes, tras los atentados yihadistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils, RSF tuvo que lamentar el linchamiento en las redes sociales (incluidas amenazas de muerte) del director del diario El Periódico y uno de sus redactores por publicar informaciones que no gustaron (aunque no las pudieron desmentir) al gobierno catalán.
 
 
Ante el fenómeno del “ciberacoso” en el conflicto catalán Reporteros Sin Fronteras publicó el 28 de septiembre un detallado informe sobre las presiones que han sufrido, durante los últimos dos años, los periodistas de medios no alineados editorialmente con el llamado procés independentista, a favor de la secesión de Cataluña del resto de España. En él quedaron patentes los señalamientos realizados por parte del director de Comunicación Exterior de la Generalitat y director de la campaña del partido Junts per Catalunya, así como por otros políticos independentistas.
 
 
Por eso quiero destaca aquí dos fragmentos de un artículo titulado La arriesgada tarea de ser periodista en Cataluña,publicado recientemente por una querida predecesora al frente de Reporteros Sin Fronteras, hoy vocal de la organización, María Dolores Masana: “El trabajo de Reporteros Sin Fronteras no gusta en muchas instancias. Desde nuestra ONG ya estamos acostumbrados a recibir críticas por denunciar agresiones contra la libertad de información y el trabajo de los periodistas en todo el mundo y también en España, pero pedimos que si publicamos un informe detallado se lea entero antes de despreciarlo con un ‘claro, siempre contra Cataluña’. (…) Una de las consecuencias inmediatas que comportan estos ataques a los periodistas es que algunos de ellos se lo piensen dos veces antes de escribir noticias o reportajes sobre los acontecimientos en Cataluña. Personalmente creo que existen dos líneas rojas que no se pueden traspasar nunca ni darse por normalizadas. La primera, el acoso al ejercicio del periodismo desde el poder y su entorno y el segundo, consecuencia del primero, la autocensura”.
 
 
Conviene recordar lo que sobre los hechos y las opiniones dejó escrito Hannah Arendt en un libro para tener a mano todo el año, Verdad y mentira en la política: “Los hechos y las opiniones, aunque deben mantenerse separados, no son antagónicos; pertenecen al mismo campo. Los hechos dan forma a las opiniones, y las opiniones, inspiradas por pasiones e intereses diversos, pueden divergir ampliamente y aún así ser legítimas mientras respeten la verdad factual. La libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información objetiva y no se aceptan los hechos mismos».
 
 
Más allá de los acontecimientos que han influido en la calidad de la libertad de prensa en España en 2017, Reporteros Sin Fronteras quiere resaltar un hecho que ha marcado no solo la historia reciente de la organización, sino también la del propio periodismo español: el fallecimiento de Malén Aznárez, presidenta de RSF España, el pasado 30 de julio. La muerte de la veterana periodista ha dejado a la organización huérfana del talento y la entrega de quien condujo su trayectoria con maestría, durante más de seis años. La elaboración, publicación y presentación del Informe anual sobre la libertad de prensa, elaborado exclusivamente a nivel mundial por RSF España, era más que un proyecto, un empeño personal de Malén Aznárez.
 
 
Alfonso Armada
 
 
Sombras inquietantes para el periodismo en buena parte del mundo. La búsqueda de la verdad tiene un precio muy alto
 
 

El Informe que desde hace años elabora la sección española de Reporteros Sin Fronteras es una herramienta que pretende lo que toda buena herramienta, ser útil. Los periodistas no somos propietarios del derecho a la información, sino sus albaceas, sus primeros empleados. De nosotros depende el compromiso con la integridad, de contar el mundo en toda su complejidad, de buscar la verdad por encima de todas las cosas, de no regatear esfuerzos para lograrla, y de mantener siempre vigente ese pacto sagrado con los lectores. En su libro Verdad y mentira en la política, la filósofa alemana Hannah Arendt, que huyó de la Alemania nazi a Estados Unidos, ya sabía que “el hombre que dice la verdad pone su vida en peligro”. No queremos héroes, pero admiramos a quienes por buscar la verdad y contarla les arrebatan la vida o la libertad. Ejerciendo el periodismo.

Del buen periodismo depende el conocimiento veraz de las cosas, que los ciudadanos sepan a qué atenerse, puedan comprobar en qué medida coincide lo que dicen y lo que hacen sus gobernantes, sus empresarios, sus políticos, sus policías, sus jueces, sus sindicatos, sus líderes religiosos. Del buen periodismo depende la salud democrática de un país.

¿Por qué es relevante en este momento una película como Los archivos del Pentágono? Porque la libertad de información está amenazada como lo estuvo cuando el Gobierno de Richard Nixon intentó impedir que los periódicos The New York Times y The Washington Post difundieran el informe McNamara, los llamados Papeles del Pentágono, que reconocía que la Casa Blanca había mentido a los estadounidenses sobre la guerra de Vietnam. «En los Documentos del Pentágono –se lee en el libro de Hannah Arendt– nos encontramos con hombres que hicieron todo lo posible para conquistar la mente de las personas, esto es, para manipularla. Ahora bien, debido a que trabajaban en un país libre, donde se dispone de todo tipo de información, nunca triunfaron del todo».

La búsqueda de la verdad (como sabían los 65 periodistas asesinados, y como saben los 54 periodistas secuestrados y los 326 detenidos en 2017) es uno de los principales objetivos de la prensa, y tiene un precio muy alto. Las falsas noticias (las ya famosas fake-news) no solo son un fraude, sino que además son muy fáciles de fabricar y difundir. Propaganda e intoxicación, post verdad que trata no sólo de extender la especie de que todo es opinable, sino de desprestigiar al buen periodismo. Una tendencia peligrosa y global inspirada o atizada desde centros de poder con intereses concretos, con Rusia a la cabeza.

Del informe elaborado este año por la sección española de RSF se deduce una tendencia que rastreamos con especial preocupación en África pero que no es privativa de ese continente informativamente olvidado: se reducen las coberturas tanto de medios locales como internacionales, muchos periodistas optan por el exilio o el cambio de profesión, muchos medios se cierran por hostigamiento de dirigentes que son verdaderos depredadores de la libertad de expresión.

Un año más, México vuelve a ser el país más mortífero para los medios de comunicación en América, pese a que la nación no está en guerra, aunque sí se vive en un ambiente violento fundamentalmente por las mafias y los cárteles que conviven con los poderes políticos y gubernamentales y una desoladora impunidad para buena parte de los crímenes.

Si echamos la mirada más al norte, por encima de la frontera, del gran muro a medio construir (que inició Bill Clinton y que Donald Trump pretende reforzar), no hay motivos para la celebración. Al contrario. La llegada de Trump a la Casa Blanca ha supuesto un serio retroceso para la libertad de prensa en el país. Y si damos un gran salto en el mapa y aterrizamos en el país que podría disputar a Estados Unidos el liderazgo mundial, vemos todavía más problemas para la libertad de información. Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz 2010, murió de cáncer en un hospital al que las autoridades solo le llevaron cuando era demasiado tarde, y donde pasó sus últimos días sometido a estrictas medidas de vigilancia, lo que muestra de la intransigencia del régimen chino ante la disidencia. China, junto con Vietnam, está a la cabeza del penoso escalafón de países con más informadores encarcelados en el mundo.

A las dificultades para informar de la comunidad rohingya se añade la pesadumbre de contemplar cómo el prestigio de la Premio Nobel de la Paz birmana Aung San Suu Kyi quedaba en entredicho por su negativa a denunciar la limpieza étnica desatada por su gobierno contra la minoría musulmana.


Democracias que presumen de serlo, como Australia, con una atroz política contra la inmigración, se ha alineado este año con los países que pretenden acabar con la confidencialidad de los usuarios de plataformas de mensajería en nombre de la lucha contra el crimen o el terrorismo. Reino Unido, Alemania y Francia han encabezado en 2017 una ofensiva legislativa con gravísimas consecuencias para el periodismo.


Uno de los casos que estremeció la conciencia europea e indignó a RSF fue el brutal asesinato perpetrado con un coche bomba en Malta, el estado más pequeño de la Unión Europea, de la periodista Daphne Caruana Galicia, volcada en la investigación de los casos de corrupción en la isla. También en Europa, “quien dice la verdad pone en peligro su vida”.


El 2017 ha habido una primera reacción de la Unión Europea ante las derivas autoritarias de países miembros como Polonia y Hungría, donde peligra la división de poderes, y el trabajo de la prensa independiente se hace cada día más difícil. Y es de destacar la voluntad de la ONU de crear, a petición de RSF, un representante especial del secretario general de la ONU para la protección de los periodistas.
La violencia extrema de las guerras en Siria, Irak, Yemen y Libia sigue arrojando un balance desolador para la libertad de prensa en Oriente Próximo.

  
Sin conocimiento no hay conciencia. Sin información no hay memoria. Sin prensa libre, la democracia está bajo arresto. No conviene olvidar que sigue aumentando el número de secuestros en las zonas en conflicto. A finales de año, al menos 52 periodistas y periodistas–ciudadanos estaban en manos de grupos extremistas, principalmente el Estado Islámico, Al-Nusra y los rebeldes hutíes. Al menos 29 periodistas, más de la mitad del total de rehenes, estaban bajo custodia en Siria; 12 en Yemen y 11 en Irak.


Turquía es ahora mismo, junto a México, un permanente foco de inquietud para RSF. El régimen de Erdogán no retrocede en su órdago para eliminar el periodismo independiente. Turquía es, junto con China, la mayor cárcel de periodistas del mundo.


España no ha sido ajena a la deriva autoritaria de Estambul, ya que ha sido escenario de un hecho insólito: la detención y encarcelamiento de periodistas por orden del Ejecutivo turco, del periodista sueco de origen turco Hamza Yalçin y del escritor turco-alemán Dogan Akhanli, ambos por sendas órdenes de Interpol emitidas por la justicia turca. Desde hace ya tiempo, RSF viene denunciando el abuso que determinados regímenes no democráticos realizan de las “red notes” u órdenes de Interpol, para boicotear a los informadores exiliados en otros países e intentar su repatriación.


El conflicto que ha enfrentado durante los últimos años a las fuerzas independentistas catalanas con el gobierno central de Madrid ha ido pasando una lenta pero constante factura al periodismo en la región. Los últimos tres meses de 2017 figuran ya entre los más negros de la historia democrática en lo que a la libertad de prensa en Cataluña se refiere. Antes, tras los atentados yihadistas del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils, RSF tuvo que lamentar el linchamiento en las redes sociales (incluidas amenazas de muerte) del director del diario El Periódico y uno de sus redactores por publicar informaciones que no gustaron (aunque no las pudieron desmentir) al gobierno catalán.


Ante el fenómeno del “ciberacoso” en el conflicto catalán RSF publicó el 28 de septiembre un detallado informe sobre las presiones que han sufrido, durante los últimos dos años, los periodistas de medios no alineados editorialmente con el llamado procés independentista, a favor de la secesión de Cataluña del resto de España. En él quedaron patentes los "señalamientos" de periodistas, siempre seguidos de ataques en las redes, realizados por parte del director de Comunicación Exterior de la Generalitat y director de la campaña del partido Junts per Catalunya, así como por otros políticos independentistas.


Conviene recordar lo que sobre los hechos y las opiniones dejó escrito Hannah Arendt en un libro para tener a mano todo el año, Verdad y mentira en la política: “Los hechos y las opiniones, aunque deben mantenerse separados, no son antagónicos; pertenecen al mismo campo. Los hechos dan forma a las opiniones, y las opiniones, inspiradas por pasiones e intereses diversos, pueden divergir ampliamente y aún así ser legítimas mientras respeten la verdad factual. La libertad de opinión es una farsa si no se garantiza la información objetiva y no se aceptan los hechos mismos».


Finalmente, más allá de los acontecimientos que han influido en la calidad de la libertad de prensa en España en 2017, Reporteros Sin Fronteras quiere resaltar un hecho que ha marcado no solo la historia reciente de la organización, sino también la del propio periodismo español: el fallecimiento de Malén Aznárez, presidenta de RSF España, el pasado 30 de julio. La muerte de la veterana periodista ha dejado a la organización huérfana del talento y la entrega de quien condujo su trayectoria con maestría, durante más de seis años. La elaboración, publicación y presentación del Informe anual sobre la libertad de prensa, elaborado exclusivamente a nivel mundial por RSF-España, era más que un proyecto, un empeño personal de Malén Aznárez.
 

 
 
Alfonso Armada

Presidente de Reporteros Sin Fronteras - España