INFORME ANUAL 2017 | ÁFRICA

31.12.2017 00:00

 

Introducción:

Periodismo menguante en África 

 

Cinco periodistas han sido asesinados este año en África (cuatro en Somalia y uno en Sudán del Sur) en el ejercicio de su profesión, lo que no debe interpretarse como una buena noticia, aunque haya bajado el número de víctimas mortales (fueron 6 en 2016) incluso drásticamente desde dos años atrás: en 2015 fueron 13 los asesinados. Siempre es positivo que haya menos víctimas, pero la causa no es que haya disminuido la violencia del poder contra el periodismo libre, sino la confirmación de una tendencia que parece imparable en los últimos años: la disminución de las coberturas, la continua desaparición de medios y el abandono del periodismo, o la huida o el exilio forzado de periodistas amenazados. No existe una estadística al respecto, pero es muy posible que África sea el continente en el que más medios de comunicación han cerrado en los últimos tres años, o bien arruinados o bien obligados por la extorsión y la persecución de autoridades que no aprecian las informaciones críticas, o simplemente independientes, que traten asuntos que preferirían que se mantuvieran ocultos, y que se atrevan a dar espacio a la oposición.

 

RSF recopila este año datos sobre el estado de la libertad de información en 27 países africanos. La situación más común, la que se repite prácticamente en casi todos, es el cierre, la clausura o la prohibición de medios, sean canales de televisión, emisoras de radio o publicaciones digitales o de papel, siempre ordenados desde el poder. En algún caso (Nigeria) el cierre ha implicado incluso la demolición física de la sede, siempre modesta, del medio. En otros (Uganda) a la prohibición de publicaciones se añadieron los saqueos. Y en un tercer bloque (Eritrea, Burundi, Guinea Ecuatorial o Ruanda) no ha habido cierres sencillamente porque todos los medios que eran independientes ya están cerrados desde hace tiempo. Otra cuestión que se repite cada vez con más frecuencia es el aumento del control sobre internet, en aquellos países donde funciona, no solo con apagones cuando conviene al gobernante de turno, sino también con llamativas inversiones millonarias de los gobiernos en tecnología, generalmente china, que permita el acceso y control de las comunicaciones telefónicas, digitales y de datos de cualquier usuario.

 

En cuanto a cifras son sólo cinco los periodistas asesinados en 2017, pero dos más han desaparecido (en Chad y Tanzania), que se suman a los varios desaparecidos desde hace años (en Eritrea sobre todo). Hay un nuevo secuestrado (en Somalia) y han sido docenas los detenidos, 23 los encarcelados, y muchos más los perseguidos y acosados por atreverse a publicar lo que el poder de cada país no quiere que se sepa. Entre las pocas buenas noticias cabe mencionar la salida de prisión, en Mauritania, del bloguero que fue condenado a muerte hace tres años por criticar el islam, aunque es una buena noticia muy relativa si tenemos en cuenta que los fiscales islámicos estudian volver a acusarle para que se cumpla la primera condena.

 

África ostenta el dudoso honor de ser el continente con mayor número de depredadores (10) de la información del mundo: Los presidentes de siete países, más dos ex presidentes y el grupo islamista somalí Al-Shabaab. Todos figuran desde hace años en la lista de depredadores de la libertad de información que elabora RSF.

 

Este año abandonaron el poder en África dos antiguos y longevos presidentes autoritarios, Robert Mugabe, en Zimbabue, y José Eduardo dos Santos, en Angola. También hubo relevo en la presidencia en Gambia. Pero en ninguno de los casos los ciudadanos de esos países han podido percibir aún cambios en cuanto a la mejora de la libertad de información.

 

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