Europa

17.12.2019 00:00

 

 INFORME ANUAL 2019 

 

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La muerte en abril de 2019 de la periodista norirlandesa Lyra McKee, abatida a tiros mientras cubría un motín en Derry, recordó la vulnerabilidad de los profesionales de la información y la dificultad de informar sobre estos episodios de indignación ciudadana y gran confusión. El peligro adopta múltiples formas. Lyra McKee murió por un disparo de un miembro de la organización republicana disidente Nuevo IRA. En Nigeria, el joven periodista Precious Owolabi, que trabajaba para uno de los canales más populares del país, Channels TV, recibió un disparo mortal durante la dispersión de una manifestación en Abuja. La policía disparó con munición real después de los enfrentamientos con los manifestantes.

 

El periodista ucraniano Vadym Komarov, célebre por sus investigaciones sobre corrupción local y que ya había sido blanco de varios intentos de asesinato, sufrió una violenta paliza a principios de mayo de 2019 y murió a causa de las heridas, apenas dos meses después. A pesar de que se abrió una investigación, su muerte permanece impune por el momento.

 

 

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     06 Rusia 
     23 Turquía 
     01 Ucrania

 

 

 Ninguna decisión judicial parece firme. Apenas acababa de salir de prisión tras ser puesto en libertad condicional, cuando el reconocido periodista Ahmet Altan fue devuelto a la cárcel después de que la Fiscalía de Estambul recurriera su liberación. A mediados de septiembre, seis periodistas del diario Cumhuriyet -Musa Kart, Güray Öz, Hakan Kara, Önder Çelik, Ahmet Şık y Mustafa Kemal Güngör-, quedaron en libertad condicional y finalmente fueron liberados antes de enterarse, dos meses después, de que el Tribunal Penal de Estambul los había vuelto a condenar en segunda instancia, contra la opinión del Tribunal de Casación. De los otros seis periodistas de Cumhuriyet que fueron procesados, solo uno fue absuelto, Kadri Gürsel. Los demás aún corren peligro de volver a prisión si sus condenas se confirman en el tribunal de apelación. Del mismo modo, tras ser inicialmente absueltos, el representante de RSF en Turquía, Erol Önderoğlu, así como la defensora de los derechos humanos Şebnem Korur Fincancı y el editor y periodista Ahmet Nesin, se enteraron de que la Fiscalía había recurrido la decisión y, por tanto, reactivado las demandas contra ellos, por participar en una campaña de solidaridad con el periódico kurdo Özgür Gündem.

 

Es cierto que decenas de periodistas y representantes de los medios fueron liberados a lo largo del año, tras cumplir su condena o por beneficiarse de una nueva decisión judicial. Pero también lo es que cerca de una docena más han sido forzados al exilio para escapar de procesos abusivos.


Los riesgos de ser imputados son aún mayores habida cuenta de que, además de las acusaciones habituales de propaganda terrorista y colaboración o pertenencia a una organización ilegal, ahora los periodistas también pueden ser procesados por insultar al presidente. Este fue el caso concreto de un periodista de la ciudad de Bursa y representante local de la Asociación de Periodistas Progresistas (CGD), Ozan Kaplanoğlu.


Cabe señalar que más allá de los casos registrados por RSF, decenas de representantes de la profesión están actualmente encarcelados y están siendo procesados por “afiliación a estructuras políticas ilegales o terroristas”.


Igual de alarmante es la situación del famoso periodista de investigación azerbaiyano Afgan Moukhtarly. Aunque padece diabetes e hipertensión, se declaró en huelga de hambre a finales de septiembre para protestar contra el tratamiento arbitrario al que él y su abogado fueron sometidos en prisión. Su estado de salud le obligó a volver a alimentarse rápidamente, pero aún no disfruta de acceso normal a cuidados médicos.