Emiratos Árabes Unidos

31.12.2017 00:00

 

Puesto 119

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2017 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 83.600 km2

Población:9.269.610 habitantes

Jefe de Estado: Khalifa bin Zayed Al Nahyan

Presidente del Gobierno: Mohammed bin Rashid Al Maktoum

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 37.622

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 93,8%

Porcentaje de usuarios de Internet: 90,6%

 

 

 

 

BARÓMETRO 2017

  • 0 Periodistas asesinados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 1 Periodista encarcelado
  • 2 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 0 Colaboradores encarcelados

 

 

 

Las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos han seguido utilizando la ley de delitos informáticos, aprobada a finales de 2012, para restringir las libertades fundamentales, silenciar a los activistas en las redes sociales y encarcelar a las voces críticas del país. Las principales víctimas son los periodistas-ciudadanos y los blogueros, debido a sus comentarios críticos. Por lo general, se les acusa de difamación, “ofensa al Estado” y “difusión de información falsa” con el fin de perjudicar la imagen del país, entre otros delitos, por los que pueden ser condenados a largas penas de prisión.

 

Además, la ley contra el terrorismo, de 2014, permite que las autoridades consideren como terroristas un gran abanico de actividades y sirve para condenar a los informadores críticos con el gobierno, así como a defensores de los derechos humanos, a penas de cárcel, e incluso la pena de muerte.

 

En marzo, el bloguero y defensor de los derechos humanos Ahmed Manssoor, una de las pocas voces libres en el país, fue detenido en Dubai, acusado de cargos relacionados con la libertad de expresión, entre ellos “publicar información falsa que daña a la unidad nacional” en redes sociales.

 

Ese mismo mes, el bloguero Osama Najjar debería haber salido en libertad tras cumplir los tres años de cárcel a los que fue condenado. Sin embargo, la fiscalía pública solicitó la ampliación de su detención, alegando que su libertad suponía un peligro para la sociedad. Al-Najjar fue detenido en marzo de 2014 tras publicar en la red social Twitter los malos tratos que recibieron en la cárcel su padre y otros reclusos tras el macrojuicio conocido como los 94 de EAU, celebrado en marzo de 2013, que envió a prisión a decenas de críticos contra el régimen y a activistas partidarios de la reforma del país sólo por ejercer pacíficamente sus derechos a la libertad de expresión y de asociación.

 

Ese mismo mes, el periodista Tayseer Al-Najjar fue sentenciado a tres años de prisión y una multa por haber violado supuestamente la ley de delitos informáticos al “insultar los símbolos del Estado” en Facebook, en julio de 2014, cuando habló de la resistencia palestina en Gaza y criticó a varios países, entre ellos a los Emiratos Árabes Unidos. Al-Najjar llevaba detenido desde diciembre de 2015. Hasta ese momento, trabajaba para la sección de cultura del semanario Al-Dar.

 

En junio, Emiratos Árabes Unidos, junto a Arabia Saudí, Bahréin y Egipto, anunció que rompía sus relaciones diplomáticas con Catar.

 

Las autoridades regionales acusan a la cadena de promover propaganda de grupos terroristas, de apoyar a los rebeldes hutíes en Yemen y de intentar crear división en los países en los que emite. El fiscal general de Emiratos Árabes Unidos anunció que cualquier expresión de apoyo a Catar u oposición a la política del país sería considerada un delito y podría suponer de tres a 15 años de prisión y una multa de unos 120.000 euros.

 

En noviembre, el reportero Serge Enderlin y el cámara Jon Bjorgvinsoon, del canal público suizo RTS, pasaron más de 50 horas en aislamiento sometidos a largos interrogatorios por haber filmado un mercado al aire libre donde residen miles de inmigrantes paquistaníes. Enderlin y Bjorgvinsson estaban en Abu Dhabi cubriendo la apertura del museo Louvre. Ambos han relatado cómo fueron confinados en aislamiento y trasladados de manera repetida, y con los ojos tapados, a diferentes locales para ser interrogados en sesiones que llegaron a durar hasta diez horas. Se les obligó a dar la contraseña de sus teléfonos móviles y a firmar confesiones en árabe “sobre cualquier cosa” para obtener su libertad. Los dos periodistas regresaron a Suiza después de haber sido puestos en libertad, la noche del 11 de noviembre, pero tuvieron que renunciar al material confiscado: una cámara, un ordenador y un disco duro.