China

31.12.2017 00:00

 

Puesto 176

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2017 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 9.596.900 km2

Población: 1.378.665.000 habitantes

Jefe de Estado: Xi Jinping

Presidente del Gobierno: Li Keqiang

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 8.123

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 96,4%

Porcentaje de usuarios de Internet: 53,2%

 

 

 

 

BARÓMETRO 2017

  • 0 Periodistas asesinados
  • 2 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 15 Periodistas encarcelados
  • 39 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 0 Colaboradores encarcelados

 

 

 

La muerte, el 13 de julio, de Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz 2010, puso de manifiesto la intransigencia de las autoridades de este país, líder mundial de informadores encarcelados. Su tardía salida de prisión por un cáncer terminal demostró la sordera continuada de las autoridades chinas a las peticiones internacionales, que durante años han reclamado la libertad de Liu Xiaobo y la de todos los periodistas y blogueros encarcelados en China.

 

La madre del periodista Huang Qi, fundador de la web de noticias 64 tianwang, denunciaba apenas días después las duras condiciones de encarcelamiento de su hijo, enfermo del riñón. En noviembre, su familia volvía a levantar la voz de alarma ante su deteriorada salud en la cárcel de Mianyang, donde, aseguraban, estaba obligado a trabajar seis horas diarias, había perdido varios kilos de peso y seguía sufriendo agresiones por parte de los funcionarios. Y es que el acoso a los periodistas y colaboradores de la web 64 tianwang, premiada en 2016 por RSF, continúa: Yang Xiuqiong fue detenido, en junio, y acusado de “revelar secretos de Estado”. En julio, la justicia confirmó la sentencia a seis años de cárcel a Wang Shurong. Lian Huanli desapareció en julio.

 

En agosto otro galardonado con los premios RSF-TV5 Monde, Lu Yuyu, fue sentenciado a seis años de cárcel por documentar en su blog el creciente malestar social en China, las huelgas y protestas derivadas de expropiaciones de tierra o las pésimas condiciones laborales relacionadas con el crecimiento industrial.

 

En septiembre se produjo la detención de Zhen Jianghua, director de la web Across The Great FireWall (ATGFW.org), una conocida plataforma especializada en ciberseguridad que ayuda a eludir la censura en internet. Como otros, ya había estado detenido previamente, en 2016, por ser miembro fundador de la campaña Human Rights Campaign in China, un grupo de defensa de los derechos humanos.

 

Porque la “gran muralla” china de censura en internet da muestras repetidas de su envergadura. Los meses previos a la celebración del Congreso del Partido Comunista Chino el servicio de mensajería encriptada de la red social WhatsApp empezó a tener dificultades en su funcionamiento. Las nuevas tecnologías y servicios de mensajería ayudaron inicialmente a la población china a eludir la censura y compartir bastante de la información imposible de encontrar en los medios de comunicación tradicionales. Pero el presidente Xi Jinpin ha marcado una nueva era. La censura bajo su mandato ha alcanzado niveles industriales, ayudada por un sistema de espionaje informático de los más elaborados del mundo, que, según algunas fuentes, emplea a más de un millón de personas. Cabe recordar que desde la aprobación de la legislación que criminaliza la “publicación ilegal” de contenidos en internet, cualquier usuario cuyas publicaciones sean vistas más de 5.000 veces o compartidas en un número superior a 500 se expone a penas de hasta tres años de cárcel. Los moderadores de grupos de discusión en la red social WeChat han sido acusados personalmente de difundir “publicación insana o ilegal”. El anonimato en la red es cada vez más una quimera en China. Muchas comunidades online han sido obligadas a verificar la identidad de sus usuarios y a borrar comentarios de los no registrados. Las plataformas que tardan en cumplir con estos requisitos -como Tencent, Sina y Baidu- se exponen a elevadas multas.

 

En octubre fue puesto en libertad el editor de nacionalidad sueca Gui Minhai, nacido en China, detenido en 2015. El modus opernadi de su detención -desaparición inicial y aparición repentina en una confesión televisada meses después- recordó los otros muchos casos de informadores que languidecen en las prisiones chinas. Como el escritor y bloguero Yang Tongyan, que falleció días después, el 7 de noviembre, en prisión, por falta de tratamiento médico adecuado, después de casi 12 años encarcelado.

 

También los profesionales y empresas extranjeros sufren las presiones de la censura china. En agosto varios informadores estuvieron detenidos durante horas en distintas regiones. El 14 de agosto, Ye Bing, reportero de The Voice of America, fue detenido junto a su asistente frente al tribunal que juzga a puerta cerrada al defensor de los derechos humanos Wu Ganwas, en la ciudad Tianjin. Y el 23 de agosto Nathan VanderKlippe, de Globe and Mail, estuvo varias horas detenido por intentar informar desde la región autónoma de Xinjiang.

 

Ese mismo mes, con motivo de la Feria del Libro Internacional de Pekín, la editorial Cambridge University Press anunció la retirada, a petición de las autoridades chinas, del acceso online de más de 300 artículos de sus archivos, relativos a la matanza de Tiananmen, el Tíbet, Taiwán, Xinjiang y la Revolución Cultural, corrupción y biografías de sus antiguos líderes.

 

Meses después, en noviembre, otra editorial, la alemana Springer Nature, se doblegó de nuevo a las imposiciones de la censura china bloqueando el acceso online a “un porcentaje” de sus artículos, también relacionadas con Taiwán, el Tíbet, los derechos humanos o las biografías de los líderes chinos.

 

En diciembre, dos fotoperiodistas de la delegación del presidente surcoreano, Moon Jae-in, fueron agredidos durante su visita a la capital china por guardias de seguridad. La agresión, retransmitida en directo, por la que el presidente surcoreano pidió explicaciones, acabó con los periodistas hospitalizados.

 

Hasta el gigante Apple se debatió sobre la censura a su programa satírico de Apple TV, "China Uncensored", en China, Hong Kong y Taiwán. La multinacional terminó levantando el veto al programa, pero mantenía en agosto el bloqueo al acceso a varias VPNs (redes particulares) no registradas en China de la tienda china de aplicaciones de sus teléfonos iPhone. La importancia de estas redes radica en ser herramientas para muchos usuarios, incluidos periodistas y sus fuentes, para protegerse de la censura y vigilancia de las autoridades chinas, además de permitir la conexión y el acceso con espacios prohibidos en China de Facebook, Google y Wikipedia.