Bangladesh

31.12.2018 00:00

 

Puesto 146

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2018 de la Libertad de Prensa

Superficie: 147.570 km2

Población: 164.669.751 habitantes

Jefe de Estado: Abdul Hamid

Presidente del Gobierno: Sheikh HasinaWajed

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 1.517

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 61,5%

Porcentaje de usuarios de Internet: 18,2%

 

 

 

El fanatismo religioso es la principal amenaza para el ejercicio del periodismo en Bangladesh. Mientras las autoridades amplían la legislación que persigue la blasfemia, sectores de la población hacen campañas que llegan a pedir la pena de muerte para informadores a los que acusan de ofender al islam.

 

El bloguero Shahajahan Bachchu fue asesinado, en junio, en una emboscada en Dakha. Era conocido por sus escritos sobre temas religiosos, y defendía la tolerancia religiosa y el ateísmo.

 

A principios de año otro bloguero, Asaduzzaman Noor, fue detenido y acusado de blasfemia por supuestamente criticar al islam en sus cuentas de Facebook y Youtube. Se exponía por ello a una sentencia de 14 años de cárcel sobre la base de la ley de Información y Comunicación del país. A la presión legislativa de los informadores en Bangladesh se une la durísima presión de algunos sectores sociales. Varios grupos islamistas amenazaron con “consecuencias” si no le condenaban a muerte.

 

También en enero el Gobierno propuso una legislación digital que no eliminaba la criminalización de la difamación o la blasfemia, además de los contenidos que pudiesen “causar desórdenes públicos” o “difundir propaganda contra la Guerra de Liberación o el Padre de la Nación”. A este arsenal legislativo se suma la definición del concepto de “espionaje”, limitada legalmente a la “grabación secreta de cualquier tipo de información”. La prensa se manifestó en octubre frente al Club de Prensa Nacional de Dhaka para pedir cambios en la ley de Seguridad Digital, que además suprimía la confidencialidad de las fuentes, prohibía la cobertura de actividades públicas de las autoridades y empleaba un lenguaje ambiguo que amenaza el ejercicio del periodismo en Bangladesh.

 

En agosto, los simpatizantes del partido en el Gobierno lincharon al periodista Mahmudur Rahman cuando salía de un tribunal en Kushtia, donde había acudido por una denuncia por difamación interpuesta contra él por sus comentarios sobre políticos relevantes, incluido el primer ministro.

 

Ese mismo mes, la huelga de estudiantes en Dhaka desató una ola de violencia contra la prensa. El fotoperiodista Shahidul Alam fue detenido en su domicilio por cubrir en Facebook las protestas. Apareció finalmente ante un tribunal con señales de tortura y fue acusado de “difundir miedo y pánico”. Con anterioridad la policía había denunciado a 28 usuarios de redes sociales por sus fotos y vídeos sobre las protestas. Alam no fue puesto en libertad hasta el 20 de noviembre, 107 días después de ser encarcelado y torturado.

 

En noviembre las autoridades denegaron de nuevo la libertad bajo fianza solicitada para el bloguero Limon Fakir, preso desde el mes de abril y acusado de “lenguaje blasfemo contra el profeta”.

 

A finales de año el Gobierno ordenó el bloqueo de medio centenar de web de noticias para evitar la difusión de “rumores” de cara a las elecciones del 30 de diciembre.