Asia

17.12.2019 00:00

 

 INFORME ANUAL 2019 

 

ASIA - PACÍFICO

 

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Taiwan

 

Vietnam

 

 

 

     05 Afganistán 
     02 Filipinas 
     04 Pakistán

 

 

En Afganistán, la cobertura mediática también se ha visto reducida. El número de corresponsales extranjeros en Kabul ha bajado a la mitad desde 2014. El deterioro de las condiciones de seguridad, debido al incremento de los atentados contra civiles, y el menor interés mediático, claramente vinculado a la retirada de las tropas extranjeras, explican que la presencia y exposición de corresponsales extranjeros hayan perdido importancia. Otros factores también contribuyen a reducir el número de muertos en 2019 (5 frente a los 16 de 2018; 15, en 2017 y 10, en 2016). Al contrario que en años anteriores, los atentados y ataques dirigidos de forma deliberada contra periodistas o medios han sido menos mortíferos. También los periodistas afganos han aprendido a exponerse menos en grupo y a limitar sus desplazamientos sobre el terreno para reducir el riesgo de transformarse en blancos de la violencia.

 

En Pakistán, 2 periodistas de investigación también fueron tiroteados a sangre fría este año. El primero, Ali Sher Rajpar, estaba investigando a un funcionario municipal sospechoso de corrupción. El segundo, Mirza Waseem Baig, había firmado varios reportajes sobre un grupo mafioso especializado en malversar fondos públicos con cargos electos locales. Acribillados a balazos a quemarropa, ambos periodistas murieron casi en el acto. El periodista ucraniano Vadym Komarov, célebre por sus investigaciones sobre corrupción local y que ya había sido blanco de varios intentos de asesinato, sufrió una violenta paliza a principios de mayo de 2019 y murió a causa de las heridas, apenas dos meses después. A pesar de que se abrió una investigación, su muerte permanece impune por el momento.

 

 

     02 Bangladesh 
     03 Birmania 
     01 Camboya 
     120 China 
     02 Corea del Norte 
     02 India 
     03 Laos
     03 Tailandia 
     24 Vietnam

 

 

Setenta años después de tomar el poder, el Partido Comunista chino continúa haciendo de China la mayor cárcel de periodistas del mundo. En 2019, el régimen de Pekín dio un paso más en su cinismo al publicar un libro blanco que retrata a China como una verdadera democracia, cuando el número de periodistas encarcelados se ha duplicado en un año y ahora se eleva a 120.


Más del 40% de los periodistas encarcelados son no profesionales que intentan, a pesar de la creciente censura en las redes sociales, contrarrestar a una prensa tradicional cada vez más vigilada y bloqueada. La mayoría de las nuevas detenciones han tenido como objetivo a los periodistas uigures, la minoría étnica musulmana de habla turca que habita principalmente en la región de Xinjiang, en el noroeste de China.


La represión contra los uigures se recrudece sin cesar. El mero hecho de visitar Xinjiang para conocer y formar a fotógrafos locales acarreó la detención del famoso fotoperiodista Lu Guang, a finales del año pasado. Después de varios meses detenido, el triple ganador del World Press Photo fue finalmente excarcelado, pero ahora vive en libertad vigilada en su ciudad natal y ha dejado de tomar fotografías.


Incluso antes de que se multiplicasen los campos de internamiento en la provincia de Xinjiang, dos famosos periodistas uigures ya languidecían en las mazmorras chinas. Condenada a cadena perpetua por “separatismo” y “divulgación de secretos de Estado”, la ex administradora de la web informativa Salkin, Gulmira Imin, lleva diez años detenida. El periodista ciudadano Ilham Tohti, fundador de Uyghurbiz y recientemente galardonado con el Premio Václav Havel del Consejo de Europa y el Premio Sájarov del Parlamento Europeo, lleva cumplidos cinco años de su sentencia a cadena perpetua por haber comentado, sin autocensurarse, la actualidad política, económica y social de la provincia.


La arbitrariedad no se limita a la provincia de Xinjiang. Una simple publicación irónica sobre la corrupción de los altos cargos del partido o una caricatura satírica sobre la situación de los derechos humanos en China hicieron que el bloguero Wu Gan y el dibujante Jiang Yefei fueran arrestados y torturados por “incitar a la subversión de poder del Estado”. Las autoridades chinas no se toman la molestia de hacer hincapié en los detalles. Cualquier imputación difusa basta para encarcelar a un informador. Zhang Jialong, un ex periodista conocido por su compromiso contra la censura, ha estado detenido desde agosto en la provincia de Guizhou con el simple pretexto de “incitar a las disputas y provocar disturbios”.


Tener nacionalidad extranjera no protege contra la detención arbitraria. Por ejemplo, el escritor y comentarista político australiano de origen chino Yang Hengjun, acusado de espionaje, está detenido en el sur de China desde principios de año, y el editor sueco Gui Minhai, que fue secuestrado en Tailandia en 2015 y acaba de ser premiado por la asociación defensora de los escritores PEN para disgusto de Pekín, sigue recluido sin juicio por “divulgación ilegal de secretos de Estado e información en el extranjero”, a pesar de que presenta síntomas de una enfermedad neurológica grave.


Según la información recopilada por RSF, es probable que al menos 10 periodistas chinos sufran el mismo destino que el galardonado con el Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo y el bloguero Yang Tongyan, que murieron en 2017 por cánceres no tratados. Entre ellos está el periodista Huang Qi, doble ganador del premio RSF, sentenciado en julio pasado a 12 años de prisión, a pesar de que padece problemas de salud muy graves. El fundador del sitio de información sobre derechos humanos 64 Tianwang sufre de afecciones cardíacas y hepáticas, como secuelas de ocho años en prisión o en campos de trabajos forzados, y de lesiones infligidas durante su detención. Dado su delicado estado de salud, su condena equivale a una sentencia de muerte.


En Vietnam, sin embargo, los tratamientos forzados e innecesarios están matando lentamente a Lê Anh Hùng. Por negarse a cooperar con las autoridades y protestar contra su prolongada detención preventiva con una huelga de hambre, el periodista crítico con el régimen fue trasladado a un hospital psiquiátrico en abril de 2019, donde fue alimentado mediante una sonda nasogástrica, lo que le provocó una hemorragia de nariz y boca. Le atiborraron de potentes antipsicóticos. Su madre dio la voz de alarma sin éxito. A principios de noviembre supo que las inyecciones y las dosis de drogas se habían duplicado, encerrando cada día un poco más a Lê Anh Hùng en una peligrosa prisión química.