Afganistán

31.12.2018 00:00

 

Puesto 118

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2018 de la Libertad de Prensa

Superficie: 652.225 km2

Población: 35.530.081 habitantes

Jefe de Estado y Presidente del Gobierno: Mohammad Ashraf Ghani Ahmadzai

PIB per cápita (US$ a precios actuales): 586

Tasa de alfabetización en adultos (mayores de 15 años): 38,2%

Porcentaje de usuarios de Internet: 10,6%

 

 

 

Afganistán ha sido en 2018 el país más mortífero del mundo para la prensa, con 14 periodistas y dos trabajadores de medios asesinados. El doble atentado que mató a nueve informadores en Kabul puso de manifiesto la brutalidad de los radicales islámicos contra los informadores, que llevan años siendo su blanco deliberado.

 

En enero el periodista Baz Mohamed Shiwarir y el cámara Mohammad Rafiq resultaron heridos en un doble ataque en la provincia de Nangarhar.

 

El 25 de abril, Abdul Manan Arghand, de Kabul News, fue asesinado, un mes después de que la policía le advirtiera de un inminente ataque talibán sobre su persona.

 

A finales de abril el autodenominado Estado Islámico se atribuyó el doble atentado suicida que mató a nueve periodistas en el centro de Kabul. Ese mismo día, Ahmad Shah, de la sección en pashto de la BBC, fue asesinado por individuos sin identificar en la provincia de Khost.

 

En mayo la ofensiva de los talibanes sobre la ciudad de Farah elevó el ya enorme riesgo de los periodistas que ejercen en la región.

 

En junio una nueva amenaza talibán advertía a los medios de comunicación financiados por “ocupantes” de que pagarían las “consecuencias de su mal comportamiento hacia los mujahedeen si no se corregían de inmediato”.

 

En julio Mohammad Akhtar, empleado para la oficina de Agence France-Presse en Kabul, murió en el atentado suicida contra el vicepresidente Abdul Rashid Dostum.

 

La sangría de informadores continuó el segundo semestre del año con el asesinato, en septiembre, de otro reportero de Tolo News TV, Samim Faramarz, y su cámara, Ramaz Ahmadi, tras un atentado suicida en Kabul. En octubre Mohammad Salim Inghar, cámara de la televisión estatal afgana, murió en el atentado suicida de los talibanes contra las instalaciones del gobernador de la provincia de Kandahar. Y en diciembre los secuestradores del propietario de Enikas TV, Zalmi Latifi, mataron a su chófer, Kandehar, en una calle de Jalalabad.

 

Además, este año se conocieron las tasas que los talibanes imponen a numerosos medios bajo graves amenazas, que llevan a muchos de ellos a pagar o a prescindir de gran parte de la plantilla sobre el terreno para buscar otras formas de difusión que no pongan en riesgo a sus trabajadores. Los impuestos ascienden a cantidades como los 25.000 euros pagados por el canal privado Ghaznavian en la provincia de Ghazni.

 

Reporteros Sin Fronteras pidió de manera constante protección para la prensa de cara a las elecciones de octubre y más adelante, en diciembre, volvió a hacer un llamamiento a todos los países implicados en conseguir una paz para el país, que no podrá lograrse sin una prensa libre y sin que sus profesionales puedan ejercer su trabajo sin exponer su vida en ello.