Siria

31.12.2016 00:00

 

Puesto 177

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2016 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 185.180 km2

Población: 18.502.413

Jefe del Estado: Bashar Al Asad

Presidente del Gobierno: Imad Mohammad Deeb Khamis [desde junio de 2016]

 

 

 

 

BARÓMETRO 2016

  • 11 Periodistas asesinados
  • 8 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 7 Periodistas encarcelados
  • 17 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 4 Colaboradores encarcelados

 

 

 

Asediados por el régimen de Bashar Al Asad, por grupos armados opositores, por miembros del Frente Al Nusra o por el grupo armado Estado Islámico, así como por otras milicias extremistas presentes en el territorio sirio, los periodistas - sirios o extranjeros, profesionales o no - se han convertido en uno de los principales objetivos de la violencia y de las represalias.

 

Por cuarto año consecutivo, Siria es el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. A finales de 2016, al menos 11 periodistas profesionales y ocho periodistas-ciudadanos habían sido asesinados en el ejercicio de sus funciones, 28 informadores se encontraban encarcelados en prisiones del Gobierno de Damasco y 26 permanecían secuestrados por grupos yihadistas. Sin embargo, estas cifras podrían ser todavía más elevadas debido a que el recrudecimiento de la guerra en Siria, entre todas las partes implicadas en el conflicto, ha convertido a regiones enteras del país en auténticos “agujeros negros para la información”. Por todo ello, tanto el Estado Islámico como Bashar Al Asad figuran en la lista de Depredadores de la prensa de RSF.

 

A mediados de febrero, el periodista Majd al Dairani falleció durante un bombardeo del ejército sirio en un barrio de Damasco. Cofundador del Centro de Medios de Daraya, un grupo local dedicado a informar de las noticias del barrio desde que comenzaron las protestas contra Al Asad, en 2011, Dairani también colaboraba con la agencia turca Anadolu.

 

El 5 de junio, el fotógrafo Osama Jumaa falleció en Alepo al ser alcanzado por un proyectil cuando se encontraba en el interior de una ambulancia, en la que estaba siendo atendido por las heridas causadas por un bombardeo anterior de las fuerzas gubernamentales, en el barrio residencial de Al-Zebdyeh. Empleado de la agencia británica Images Live, Jumaa se encontraba en la zona para cubrir una provisión de servicios de emergencia a la población civil durante los bombardeos del Ejército sirio.

 

Ese mismo mes, Khaled El Issa, periodista ciudadano de 25 años de edad, murió en un hospital de la ciudad turca de Antakya, el 24 de junio, por las heridas que sufrió una semana antes a consecuencia de una bomba casera colocada en el edificio donde vivía con el también periodista Hadi Abdullah, en el barrio de Chaar, en Alepo. Ambos resultaron gravemente heridos en la explosión, aunque Abdullah puso ser estabilizado mientras que Issa permaneció en coma y en estado crítico hasta su fallecimiento. Dos días antes del bombardeo, Issa y Abdullah ya resultaron heridos en la cabeza mientras cubrían los combates en Alepo.

 

También en junio, el grupo Estado Islámico difundió un vídeo titulado "La inspiración de Satán" en el que mostraba el brutal asesinato de cuatro periodistas - ciudadanos sirios en la provincia de Deir Ezzor. Mustafa Hasseh, de la red de noticias Shaam; Mohamed Marwan Al-Issa, de la red Nateq; Sami Joudat Rabah, del Observatorio Sirio de Derechos Humanos; y Samer Muhammad Abboud, de la red Development Interaction, fueron acusados de criticar al grupo terrorista en sus informaciones o de trabajar para los medios de comunicación. En el vídeo, además, los yihadistas amenazaron a todo aquel que trabajase para los medios de comunicación o las ONG que criticaban al Estado Islámico, tanto en Siria como en el extranjero.

 

El periodista sirio Ibrahim Al-Omar falleció, el 11 de julio, mientras cubría un ataque aéreo de Rusia sobre Tarmanin, un pueblo cerca de la ciudad noroccidental de Idlib. El reportero trabajaba para Al-Jazeera Mubasher, un canal de noticias en vivo en idioma árabe operado por el grupo catarí Al-Jazeera Media Network.

 

Tres días más tarde, el 14 de julio, Abdullah Mohammad Ghannam, corresponsal de la agencia Shahba Press, murió durante un ataque aéreo sobre el hospital de Kafr Hamra, en las afueras de Alepo, mientras grababa las consecuencias de un bombardeo previo.

 

A principios de agosto, el periodista sirio Mohammed Sayyed Hassan falleció en un hospital turco a consecuencias de las heridas provocadas por un bombardeo sobre Atareb, en el norte de Siria, el 24 de julio. Hassan cubría las noticias de Atareb para numerosos medios de comunicación, incluyendo la web de noticias All4Syria y el Centro de Medios de Al-Nabaa.

 

El 12 de noviembre, el periodista iraní Mohsin Khazaei, que trabajaba para la agencia de noticias también iraní IRIB, murió durante los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los grupos opositores en el distrito de Minyan, en Alepo.

 

Por otro lado, los periodistas representan un blanco fácil para grupos radicales como el Estado Islámico o el Frente Al-Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria que a finales de julio cambió su nombre por el de Jabhat Fatah Al-Sham (Frente para la Conquista de Siria). A finales de año, al menos 26 periodistas permanecían secuestrados con el objetivo de obtener rescates, ejercer presión y sembrar el terror en las ciudades que controlaban o como un elemento más de su propaganda. Este es el caso del periodista británico John Cantlie, antiguo reportero del Sunday Times, que fue secuestrado cerca de la frontera turca, en noviembre de 2012, junto con su colega James Foley, quien sería ejecutado por los yihadistas, en agosto de 2014.

 

El pasado mes de julio, Cantlie apareció en un nuevo video grabado por el grupo terrorista en el que se le muestra durante ocho minutos por las calles de Mosul, visiblemente deteriorado, comentando la destrucción de los puestos de la ciudad y entrevistando a los residentes. No ha sido el único vídeo en el que los yihadistas han utilizado a Cantlie. Solo en 2016, el periodista ha aparecido en tres vídeos publicados en los medios de comunicación del Estado Islámico, como Amaq y su centro de medios Al-Hayat. También han aparecido artículos con su firma en la revista Dabi, otro medio impreso del ISIS.

 

Algunos de los informadores secuestrados por el Estado Islámico o Al Nusra fueron puestos en libertad, en 2016. Los periodistas españoles Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López fueron liberados, el 7 de mayo, tras permanecer secuestrados casi 10 meses. Los tres reporteros trabajaban como freelance y desaparecieron, el 12 de julio de 2015, en Alepo, recién llegados de Turquía. Su secuestro se ha atribuido al Frente Al Nusra (la filial siria de Al Qaeda), que controlaba la zona en la que desaparecieron.

Antonio Pampliega ha trabajado como freelance cubriendo numerosos conflictos, entre ellos Irak, Pakistán, Egipto, Afganistán y Siria, para los principales medios de comunicación españoles e internacionales. Ángel Sastre, trabajó como corresponsal de CNN+Cuatro TV, y los diarios La Razón y El Confidencial. El fotoperiodista José Manuel López ha cubierto los conflictos en Afganistán, Irak, Palestina, Irán y Venezuela, entre otros lugares.  Es colaborador habitual de la Agencia France Press, y su trabajo se ha publicado en The New York Times.

 

También la periodista freelance alemana Janina Findeisen fue liberada, el 28 de noviembre, junto a su bebé, nacido en cautiverio, tras permanecer secuestrada por un grupo armado no identificado, desde octubre de 2015. Jabhat Fatah Al-Sham emitió un comunicado afirmando que había ayudado a liberar a la periodista de sus captores, un pequeño grupo armado que no fue nombrado.

 

Otros, como el periodista freelance estadounidense Austin Tice siguen desaparecidos. Tice desapareció cuando viajaba desde Daraya, cerca de Damasco, a Beirut, en agosto de 2012. A finales de año, se sabía que estaba vivo y que no estaba retenido por el Estado Islámico, pero su situación era incierta. El periodista publicaba sus trabajos en medios de comunicación como McClatchy Newspapers, el Washington Post, Associated Press, AFP, así como la CBS, NPR y BBC.

 

Por otro lado, 28 profesionales de la información e internautas permanecían encarcelados, a finales de año, por el Gobierno de Al-Assad. La mayoría de ellos fueron detenidos de forma arbitraria, entre 2011 y 2013, y posteriormente juzgados por tribunales militares, considerados como tribunales de excepción, que tienen procedimientos secretos a puerta cerrada y no permiten el derecho a la defensa. Según testimonios de personas que han comparecido ante estos tribunales, los procesos son superficiales y no cumplen las mínimas normas internacionales para un juicio justo.

 

Uno de los casos más emblemáticos es el de Bassel Khartabil, desarrollador de software y activista de la libertad de expresión, detenido, en marzo de 2012 por los servicios de inteligencia militar siria. Estuvo en régimen de incomunicación durante ocho meses antes de trasladarlo a la prisión de Adra, en Damasco. Durante este tiempo fue sometido a torturas y malos tratos. Permaneció en Adra hasta octubre de 2015, cuando logró informar a su familia de que lo trasladaban a un lugar desconocido. Desde entonces, nada se sabe de su paradero y se teme seriamente por su vida. Sirio de padres palestinos, Khartabil, de 34 años, es ingeniero informático. Trabajaba en el sector del software y desarrollo web, por lo que antes de su detención, había utilizado su experiencia técnica para ayudar a promover la libertad de expresión y el acceso a la información a través de Internet.

 

Tampoco los medios extranjeros consiguen escapar de las presiones y la censura gubernamental. El 15 de diciembre, Cecilia Uddén, corresponsal en Oriente medio de Radio Suecia, tuvo que abandonar el país después de que las autoridades le retirasen su visado de prensa con el argumento de que sus informaciones eran “falsas”.

 

Pero el régimen de Damasco y los grupos terroristas yihadistas no son el único problema para la libertad de información y los periodistas. Las diferencias entre las autoridades kurdas en Rojava y las autoridades kurdas en el Kurdistán iraquí se han traducido en constantes amenazas, detenciones, censuras, cierre de medios y hasta secuestros de periodistas. En febrero, Rudaw TV, un canal kurdo con sede en Erbil, y Orient TV, un canal sirio de oposición, fueron prohibidas en Kobane, aunque en 2015 ya habían tenido que dejar de emitir en el distrito de Jezireh.

 

Las amenazas y la represión despiadada hacia los medios de comunicación sirios por todas las partes implicadas en el conflicto, obligó, un año más, a decenas de profesionales y periodistas ciudadanos a huir al extranjero. Sin embargo, pese al exilio, muchos de ellos continúan temiendo por su seguridad, lo que se suma a las dificultades cotidianas que deben afrontar en los países en lo que se refugiaron. Las fronteras de Siria son permeables para los periodistas que huyen de estos peligros, pero también para sus depredadores, En este sentido, el Estado Islámico se ha atribuido la responsabilidad por el asesinato del periodista sirio Zaherí Al Sherqat en la ciudad turca de Gaziantep, en abril, y mostró fotos de Naji Jerf Court, Ibrahim Abdel Qader y Fares Hammadi, otros informadores asesinados en Turquía.