Siria

31.12.2015 00:00

 

Puesto 177

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2015 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 185.180 km2

Población: 20.800.000 habitantes [estimación PNUD]

Jefe del Estado: Bashar Al Asad

Presidente del Gobierno: Wael Nader Al Halaki

 

 

 

 

BARÓMETRO 2015

  • 6 Periodistas asesinados
  • 11 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 8 Periodistas encarcelados
  • 17 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 4 Colaboradores encarcelados

 

 

 
Los periodistas sirios y extranjeros continúan siendo víctimas de la violencia y las represalias en Siria, donde se han convertido en un objetivo, tanto para las fuerzas gubernamentales como para los grupos armados de la oposición y las organizaciones terroristas Daesh, Frente Al-Nusra o Al Qaeda. Por tercer año consecutivo, Siria es el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. En 2015, al menos 6 periodistas profesionales y 11 internautas o periodistas-ciudadanos fueron asesinados en el ejercicio de sus funciones, 29 informadores se encontraban encarcelados en prisiones del régimen de Bashar Al Asad y 26 fueron tomados como rehenes por Daesh o Al-Nusra, según cifras de RSF. Sin embargo, estas cifras podrían ser mucho más elevadas debido a que el recrudecimiento de la guerra en Siria, entre todas las partes implicadas en el conflicto, ha convertido a regiones enteras del país en auténticos “agujeros negros para la información”.
 
El año comenzó con los asesinatos de Fayez Ibrahim Abu Halawah, periodista de la web de noticias opositora Orient Net, y Dirar Moussa Al Jahid, corresponsal de la oficina regional de los Comités de Coordinación Local. Ambos informadores se encontraban con dos combatientes rebeldes en la casa de Al Jahid, en la provincia de Daraa, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en el domicilio y los asesinó a tiros.
 
A finales de enero, Kenji Goto, un periodista freelance japonés que había sido capturado por Daesh, en noviembre, era decapitado siguiendo el patrón de anteriores asesinatos de rehenes. La organización terrorista grabó un vídeo bajo el título “Mensaje al Gobierno de Japón”, publicado en Twitter y en webs que apoyan a la organización terrorista, en el que se mostraba a un verdugo dirigiéndose al Primer Ministro japonés, Shinzo Abe, diciendo que la ejecución era una represalia por la participación de Japón en la guerra de la coalición internacional contra Daesh. Goto había llegado a Siria, a finales de octubre, con el objetivo de grabar las actividades de esta organización terrorista en Siria. Fue capturado en noviembre, cuando intentaba localizar a Haruna Yukawa, otro ciudadano japonés secuestrado y ejecutado por Daesh. 
 
La mayoría de los informadores perdieron la vida cubriendo enfrentamientos entre las diferentes partes implicadas en el conflicto o en los bombardeos llevados a cabo por las fuerzas gubernamentales. Noureddin Ahmad Hashim, corresponsal de la web opositora Al Etihad Press, murió el 8 de marzo, durante los bombardeos de las fuerzas de Al Asad en la ciudad de Arbin, cerca de Damasco. Hashim se encontraba fotografiando el impacto de las bombas en la zona cuando fue alcanzado por una segunda ola de bombardeos. 
 
El 1 de abril, Jamal Khalifa, jefe de la sección de medios de comunicación en el Centro Watad para la Formación y el Desarrollo, murió al ser alcanzado por metralla, en Damasco, donde se encontraba cubriendo los enfrentamientos entre miembros de Daesh y los combatientes locales.  
 
Ammar al-Shami, corresponsal de la web regional de noticias independiente Qasioun News, murió durante un ataque aéreo, el 31 de mayo, en Marj al-Sultan, en la región de Ghouta, mientras grababa los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y las opositoras por el control de la región. También en un enfrentamiento entre fuerzas del régimen y los rebeldes, en el sur de la provincia de Daraa, perdió la vida el cámara de Al-Jazeera Mohamed al-Asfar, el 26 de junio. 
 
El 26 de septiembre, Obada Ghazal, corresponsal de la agencia de noticias Smart News,  murió mientras grababa los ataques aéreos de las fuerzas gubernamentales en Taftanaz, en la provincia de Idlib. Por las mismas causas, grabar los bombardeos del régimen de Al Asad, fallecieron Wassim Al-Adel, activista, fotoperiodista y miembro del Centro de Medios de Maarat, cerca de Binin, en la provincia de Idlib, el 23 de octubre, y Jumua Al Ahmed, corresponsal de la agencia Shahba Press, en Hauan, en la provincia de Alepo, el 27 de octubre.
 
Ahmed Youssef, también conocido como Abou Hamza, reportero de la Agencia de noticias Smart News, murió al ser alcanzado por una bomba de mortero lanzada por las fuerzas gubernamentales mientras entrevistaba a un combatiente de la oposición, el 6 de noviembre. Hamza estaba grabando un reportaje sobre los rebeldes que habían tomado Tel Sukayk, una zona estratégica de Siria. 
 
El 7 de diciembre, Zakaria Ibrahim, otro cámara del canal Al-Jazeera, fue asesinado por un francotirador, mientras cubría los bombardeos de las fuerzas de Al Asad, en la provincia de Homs. El cámara había viajado a la ciudad de Taldoy para hacer un reportaje sobre las negociaciones entre el Gobierno y las fuerzas rebeldes, en Homs. 
 
Además, los periodistas representan un blanco fácil para grupos radicales como Daesh o el Frente Al-Nusra, que no sólo se sirven de los secuestros para obtener rescates, sino también como una manera de ejercer presión y de hacer que reine el terror para acallar toda crítica. A finales de año, según cifras de la organización, 26 informadores permanecían secuestrados a manos de estas organizaciones yihadistas. 
 
Entre ellos, se encuentran los periodistas españoles Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López, secuestrados junto con su guía-intérprete Usama Ajjan, el 13 de julio, en Alepo. Los tres informadores estarían, supuestamente, en manos del Frente Al-Nusra, mientras que su guía ha sido liberado. Todos ellos son experimentados reporteros que han cubierto diversas guerras y conflictos en los últimos años trabajando como freelance para distintos medios españoles e internacionales. Al terminar el año, los tres continuaban como rehenes del Frente Al-Nusra. 
 
Antonio Pampliega ha trabajado como freelance cubriendo numerosos conflictos, entre ellos Irak, Pakistán, Egipto, Afganistán y Siria, para los principales medios de comunicación españoles e internacionales. Ángel Sastre, trabajó como corresponsal de CNN+Cuatro TV, y los diarios La Razón y El Confidencial. El fotoperiodista José Manuel López ha cubierto como freelance conflictos en Afganistán, Irak, Palestina, Irán y Venezuela, entre otros lugares.  Es colaborador habitual de la Agencia France Press, y su trabajo se ha publicado en The New York Times.
 
El terror que estos grupos terroristas tratan de imponer en todo el mundo quedó patente, en noviembre, con la publicación de un artículo en la revista Dabiq, sobre los atentados en París. En este texto, supuestamente firmado por el periodista británico John Cantlie, secuestrado por Daesh, en 2012, junto con su colega James Foley (asesinado en agosto de 2014), la organización anunció que prepara ataques peores que los del 11 de septiembre de 2001. Este fue sólo uno de los últimos ejemplos de manipulación a la que han obligado a Cantlie, utilizado como portavoz de su propaganda mediática durante su cautiverio.  
 
Algunos de los informadores secuestrados por Daesh o el Frente Al-Nusra fueron puestos en libertad, en 2015, y han podido narrar el horror y las torturas que sufrieron. El 21 de septiembre, fue puesto en libertad el fotógrafo Massoud Aqeel, colaborador del canal de televisión kurdo Rudaw, en un intercambio de prisioneros entre el grupo yihadista y las unidades de protección del pueblo kurdo. Había sido secuestrado en Rojava, Kurdistán sirio, en diciembre de 2014, junto a su compañero Farhad Hamo, quién todavía seguía retenido a finales de diciembre. 
 
Por otro lado, 29 profesionales de la información e internautas permanecen encarcelados por el Gobierno presidido por Bashar Al-Assad. La mayoría fueron detenidos de forma arbitraria y juzgados por tribunales militares, considerados como tribunales de excepción que tienen procedimientos secretos a puerta cerrada y no permiten el derecho a la defensa. Según testimonios de personas que han comparecido ante estos tribunales, los procesos son superficiales y no cumplen las mínimas normas internacionales para un juicio justo.
 
El caso más emblemático es el del conocido periodista sirio y defensor de derechos humanos Mazen Darwish, que fue puesto en libertad condicional, el 10 de agosto, después de más de tres años de detención arbitraria. Varias organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos y la libertad de información, entre ellas RSF, habían pedido reiteradamente su puesta en libertad al Gobierno sirio. Darwish, director del Centro Sirio de Medios y Libertad de Información, fue detenido junto con sus colegas Hussen Ghreer y Hani Al-Zitani (puestos en libertad también de forma provisional, en junio), el 16 de febrero de 2012, cuando agentes de Inteligencia de la fuerza aérea allanaron la sede de Damasco. Durante los tres años de detención arbitraria, fueron víctimas de malos tratos, tortura y desaparición forzada. Él y sus compañeros se enfrentaban a una pena de hasta 15 años de prisión, en virtud del artículo 8 de la ley antiterrorista de 2012, por un cargo de “información editorial sobre actos terroristas”. Sin embargo, a finales de agosto, un tribunal antiterrorista de Damasco determinó que Mazen Darwish y los colaboradores del Centro Sirio de Medios y Libertad de Expresión están cubiertos por una amnistía política, emitida en junio de 2014. 
 
El 22 de septiembre, se dio a conocer que el famoso caricaturista sirio Akram Raslan murió en prisión, en 2013, pocos meses después de su detención. Todo apunta a que su fallecimiento se debió a las torturas a las que lo sometieron los servicios sirios de seguridad. Raslan se encontraba en las oficinas de periódico gubernamental Al-Fida’a, en Hama, cuando agentes de la Inteligencia militar lo detuvieron, el 2 de octubre de 2012, a causa de una viñeta crítica con el Presidente Assad. En julio de 2012, poco antes de su muerte, fue procesado en secreto ante un tribunal antiterrorista, en un juicio sin testigos y sin abogados defensores.
 
A principios de octubre, la policía secreta siria detuvo al fotógrafo palestino Niraz Saied, galardonado por su labor con un premio concedido por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA). En abril, Saied se había visto obligado a abandonar el campamento de refugiados de Yarmuk al ser invadido por combatientes de Daesh. El periodista huyó a Damasco, donde había permanecido oculto a la espera de que sus contactos le facilitaran la salida del país.
 
Además de mantener los medios de comunicación estatales bajo un estricto control, el Gobierno sirio utiliza un ejército informático para las redes sociales con mensajes a favor del Presidente Bashar Al Asad. Operado por milicias progubernamentales y los servicios de inteligencia (Mukhabarat), este ejército también vigila y acosa en Internet a los periodistas. En noviembre, 22 organizaciones de derechos humanos y libertad de información, entre ellas RSF, pidieron a las autoridades sirias revelar el paradero de Bassel Khartabil, desarrollador de software y defensor de la libertad de información, que fue trasladado a un lugar no revelado, en octubre. La Inteligencia Militar detuvo a Khartabil, el 15 de marzo de 2012. Antes de su detención utilizó su experiencia técnica para ayudar a promover la libertad de expresión y el acceso a la información a través de Internet. Entre otros proyectos, fundó Creative Commons Siria, una organización sin ánimo de lucro que permite a la gente compartir trabajo artístico y otras obras utilizando herramientas legales gratuitas.
 
Las amenazas y la represión despiadada hacia los medios de comunicación sirios por todas las partes implicadas en el conflicto, obligó a decenas de profesionales y periodistas ciudadanos a huir al extranjero. Sin embargo, muchos de los que se marcharon continuaron recibiendo amenazas de muerte en Líbano, Jordania, el Kurdistán iraquí e, incluso, Turquía. En este sentido, Daesh podría estar detrás del asesinato, el 27 de diciembre, del periodista sirio Naji Jerf, abatido a tiros, en Gaziantep, en el sureste de Turquía, donde llevaba tres años trabajando. Jerf había obtenido un visado para marcharse a Francia, a principios de enero, tras recibir amenazas de muerte en Turquía. Fundador y director de la revista de oposición Henta, las amenazas contra Jerf habían empeorado en las últimas semanas a raíz del estreno de su película "Daesh en Alepo", en la que documentaba la ejecución de muchos activistas sirios por parte del grupo yihadista. Sin embargo, a finales de año, nadie había reclamado la autoría del asesinato.