Libia

31.12.2016 00:00

 

Puesto 164

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2016 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 1.759.540 km2

Población: 6.278.438 habitantes

Jefe de Estado: Fayez al Sarraj [desde diciembre de 2015]

Presidente del Gobierno: Fayez al Sarraj [desde abril de 2016]

 

 

 

 

BARÓMETRO 2016

  • 3 Periodistas asesinados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 1 Periodista encarcelado
  • 1 Internauta y periodista ciudadano encarcelado
  • 0 Colaboradores encarcelados

 

 

 

Los periodistas libios siguen siendo víctimas de la violencia reinante en el país, a pesar de que tienen una función esencial en la restauración de la paz. Los informadores se han convertido en los principales perjudicados de la inestabilidad social y política reinante en el país, que cuenta con tres Gobiernos diferentes: uno en Trípoli, apoyado por milicias islamistas; otro en Tobruk, elegido en junio de 2014 y reconocido en ese momento por la comunidad internacional; y un tercero de “unidad nacional”, puesto en marcha por la ONU el pasado mes de marzo, y al que apoyan ahora la mayoría de potencias mundiales, pero que no es reconocido por los dos anteriores.

Por otro lado, a pesar de que el nuevo Gobierno dirigido por el primer ministro Fayez al-Sarraj ha manifestado en varias ocasiones que su prioridad es combatir a los extremistas islamistas, ha sido incapaz de garantizar la seguridad de los profesionales de la información. Así, a finales de año, al menos tres periodistas fueron asesinados por francotiradores del autodenominado Estado Islámico mientras ejercían sus labores profesionales.

 

El 23 de junio, el periodista freelance Khaled Al Zantani fue ejecutado deliberadamente de un solo disparo cuando cubría los enfrentamientos entre el Ejército libio y el grupo yihadista en el oeste de la ciudad de Bengasi. Al Zantani había trabajado en los últimos tiempos como freelance para varios medios de comunicación, entre ellos Zetan TV y Sky News.

 

Un mes después, el fotoperiodista Abdelkader Fassouk murió asesinado, también a manos de un francotirador del Estado Islámico, mientras cubría la ofensiva del Gobierno de Unidad contra los yihadistas, iniciada en Sirte. Reportero para la televisión libia con sede en Turquía Al Raed TV, Fassouk cubría desde 2011 los acontecimientos en Siria y Libia. Sus fotos de las operaciones militares en Siria habían sido utilizadas por numerosos medios internacionales, como el New York Times o Reuters.

 

También durante esta ofensiva fue asesinado, el 2 de octubre, el fotoperiodista holandés Jeroen Oerlemans, que trabajaba para el semanario belga Knack. Oerlemans había cubierto casi todos los conflictos bélicos de Oriente Medio en los últimos diez años. Fue secuestrado junto al reportero británico John Cantlie por el Estado Islámico, en julio de 2012, y puesto en libertad ocho días después por el Ejercito Libre Sirio.

 

Además, en este complejo panorama, el secuestro y la violencia física contra los periodistas por parte de milicias armadas se ha convertido en un fenómeno habitual en Libia. En las zonas controladas por el Estado Islámico, que figura en la lista de Depredadores de la prensa de RSF, los periodistas son amenazados de muerte si hablan de las atrocidades que cometen contra la población civil.

 

Entre los números casos de secuestrados, están el de Badr Al Rabhi, corresponsal de Libya HD, secuestrado, en enero, por un grupo militar vinculado al general Khalifa Haftar, del autroproclamado Ejército Nacional Libio. Fue interrogado durante tres días, en los que fue sometido a agresiones físicas y verbales. También el bloguero Ali Al Asbli desapareció, a 100 kilómetros de Bengasi, el 28 de marzo, y se sospechó que había sido capturado por alguna milicia armada.

 

También continúa sin resolverse la desaparición de los reporteros tunecinos Sofiane Chourabi y Nadhir Ktari. En 2014, la periodista y el cámara viajaron a Libia para hacer un reportaje para “Dossiyates”, un programa de la cadena de televisión tunecina First TV. Fueron detenidos en la ciudad libia de Ajdabiya, el 3 de septiembre, y puestos en libertad tres días después. Esa misma tarde, Chourabi publicaba un mensaje en Twitter anunciando que informaría de todos los detalles a su vuelta a Túnez, pero que en ese momento tenía que continuar con su misión de informar. Ambos periodistas desaparecieron dos días después. Desde entonces, no han dado señales de vida y no hay información verificada de que estén retenidos o muertos.

 

A los asesinatos y secuestros, hay que sumar también los ataques continuos a los medios de comunicación y sus profesionales. El 9 de marzo, una unidad especial libia agredió verbal y físicamente al reportero de Associated Press Mohamad Ben Khalifa y a su colega de Reuters Hani Amara en el aeropuerto de Trípoli, donde los reporteros cubrían la repatriación de los cuerpos de dos rehenes italianos muertos en el noroeste de Libia.

 

Ese mismo mes, una brigada aliada de la milicia liderada por Haytahm Al Tajouri atacó la sede de Nabaa TV, en Tripoli, apenas unas horas después de que el nuevo Gobierno de Unidad Nacional, encabezado por el primer ministro Feyez El Sarraj, se instalara en la ciudad. Varios periodistas fueron agredidos físicamente y las instalaciones quedaron completamente destrozadas.

 

Por otro lado, diez mil ejemplares del periódico semanal Al Wassat, que se imprime en Egipto, fueron confiscados en un retén militar en Libia, el 22 de abril, y de nuevo, el 11 de mayo, cuando ya estaban siendo transportados por carretera a su punto de distribución en la ciudad oriental de Bengasi. Además, los soldados amenazaron a uno de los colaboradores del periódico presentes en la requisa e interrogaron al distribuidor local durante tres días antes de dejarlo en libertad. Como resultado de estas amenazas, el encargado de distribuir Al Wassat en el oeste del país informó a la dirección del periódico que no iba a continuar trabajando con ellos.