INFORME ANUAL 2016 | EUROPA Y ANTIGUA URSS

31.12.2016 00:00

 

Introducción:

Retroceso a pasos agigantados

 

Europa retrocede a pasos agigantados en materia de libertad de prensa, tras la aprobación este año de varias legislaciones, destinadas a preservar la seguridad de los ciudadanos, y que han puesto en riesgo el periodismo de investigación, la confidencialidad de las fuentes y, en general, la privacidad de las comunicaciones de los informadores. A ello se suma la represión a la prensa en Turquía, país que, bajo el gobierno de Recep Tayyip Erdogán, se ha convertido en la mayor cárcel del mundo para periodistas en 2016.

 

Países como Reino Unido y Alemania han aprobado medidas de espionaje y vigilancia masivos, no sólo poniendo en jaque derechos adquiridos por los ciudadanos -y periodistas- europeos, sino sirviendo de respaldo moral a todos aquellos países en el mundo, regímenes autoritarios incluidos, que ya aplican medidas de este tipo, o que pueden inspirarse ahora en Europa occidental para ponerlas en práctica.

 

El año 2016 ha sido nefasto para las fuentes y los periodistas que han intentado hacer prevalecer su derecho a no revelarlas. Los casos de Luxleaks o Vaticanleaks2, en Luxemburgo o los Estados Pontificios respectivamente, mostraron el largo calvario al que se pueden exponer en Europa los informadores que sacan a la luz información de interés público. En Italia, una incompleta legislación de protección de las fuentes periodísticas ha llevado a la policía a hacer redadas en medios de comunicación para recabar información. En España, la justicia ha perseguido a varios periodistas por revelación de información de interés público, desde el Caso Bárcenas a FootbolLeaks.

 

Polonia, además de ser testigo de manifestaciones de periodistas contra los planes del Gobierno, de limitar el acceso de la prensa al Parlamento, tuvo en vilo a la Unión Europea, pendiente de la aprobación y puesta en marcha de la nueva Ley de Prensa y de polémicas reformas legales. Reporteros Sin Fronteras llegó a pedir la aplicación de la inusual medida de privar a un miembro de la UE de todos los sus derechos como tal por violar los valores fundamentales de la Unión.

 

Pese a todo, el protagonismo en cifras de agresiones a la libertad de prensa en el continente europeo, tiene, indiscutiblemente, el nombre de Erdogan. El presidente turco ha llevado a su país al límite en materia de libertad de prensa. Al cierre de más de un centenar de medios de comunicación y el despido de miles de periodistas, Turquía añade a su registro en 2016 el liderazgo mundial en número de periodistas encarcelados.

 

Rusia no ha cesado en su intento regulador de los últimos años para sofocar a la prensa y controlar los contenidos. Especialmente en Internet, donde una nueva legislación permite la retirada de contenidos en 24 horas y hace responsables a los portales de noticias de más de 1.000.000 de visitantes de todos los contenidos que publiquen.

 

Pese a desaparecer de la escena internacional, en comparación a 2015, el conflicto en Ucrania sigue afectando gravemente a sus informadores, blanco de represalias de los grupos enfrentados, que, o bien les acusan de complicidad con el terrorismo, o bien siembran el terror en las sedes de sus medios de comunicación. En algunos casos les quitan la vida, como ocurrió con el periodista Pavel Sheremet, en julio.

 

Europa del este continúa un año más siendo la región más peligrosa del continente para ejercer el periodismo. La amnistía en Azerbaiyán a algunos presos políticos contrasta con el continuo enjuiciamiento a periodistas y el mantenimiento en prisión de muchos de ellos, pese a las presiones internacionales.

 

Si tratar la corrupción en Europa occidental ha revelado este año más que nunca la exposición de la prensa a la persecución del sistema judicial, no menos cruda es la realidad para los informadores en los Balcanes, donde los periodistas se exponen a amenazas de muerte o despidos de sus medios de comunicación por abordar problemas de corrupción o afectar a los intereses de los políticos locales.