INFORME ANUAL 2016 | ASIA Y EL PACÍFICO

31.12.2016 00:00

 

Introducción

Sin avances legislativos, aumenta la censura gubernamental y la violencia contra los periodistas

 

El relativo descenso del número de informadores asesinados en el continente asiático, en 2016, no debe ocultar el grado de violencia todavía presente en muchos países  donde los periodistas se exponen a serios riesgos por informar. La mayoría de las veces, sobre casos de corrupción que afectan a políticos o empresarios locales. Todo ello sin olvidar al extremismo religioso que, año tras año, continua siendo una de las principales amenazas para el ejercicio del periodismo. 

 

El notable avance en la actitud de las autoridades afganas respecto a la necesaria protección a la prensa contrastó con el número de periodistas asesinados en el país, marcado por el ataque deliberado al autobús de Tolo TV por parte de los talibanes a principios de año. Pakistán, en la misma senda de cifras mortíferas para la prensa en el último lustro, registró este año un descenso en el número de periodistas asesinados. Situación que no debe eclipsar el elevado riesgo de ejercer el periodismo en este país, donde un instigador desde el Reino Unido puede lograr la irrupción inmediata de decenas de civiles en varios medios de comunicación.

 

De igual modo Bangladesh y Filipinas, testigos en años anteriores de la violencia más extrema contra los periodistas, han registrado menos casos de informadores asesinados, pese a mantener métodos y actitudes, como la del bloguero laico asesinado a machetazos en Bangladesh, o las sorprendentes declaraciones del nuevo presidente filipino. Duterte no ha empezado con buen pie su relación con la prensa, a quien ha llegado a advertir de que no está exenta de asesinatos si la profesión no se ejerce de manera correcta (“Sólo por ser periodista no te libras de ser asesinado, si eres un hijo de puta”, dijo).

 

China y Vietnam continúan un año más su política represiva hacia la disidencia. Ambos países, que encabezan la lista de mayores cárceles del mundo para informadores, renuevan cada año su compromiso con la censura extrema, con permiso de Corea del Norte, líder un año más en hermetismo y represión, donde un periodista puede pasar una temporada en un campo de reeducación por cometer una falta de ortografía al escribir el nombre del “líder supremo”. En el caso de las autoridades vietnamitas, a los internautas que mantienen en prisión, suman ahora el férreo control de movimientos a los que quedan en libertad, a quienes han impedido en numerosas ocasiones salir del país. China por su parte ha hecho de la difusión de las confesiones forzadas de periodistas una habitual herramienta de propaganda. Mientras, la ofensiva contra la publicación de informaciones en Internet aumenta cada año con medidas como la impulsada en julio por la administración china, prohibiendo a todos los medios de comunicación publicar información proveniente de redes sociales sin verificar.

 

Porque la principal amenaza diaria para el ejercicio del periodismo en el continente asiático es la elevada y asfixiante regulación, que en muchos países adopta la forma de innovaciones legislativas y, en otros, la de atrasos en las necesarias reformas de textos legales heredados de regímenes anteriores o décadas pasadas. 

 

Así, Birmania todavía no ha modificado la Ley de Telecomunicaciones de la Junta Militar que ha permitido mantener semanas detenidos a periodistas acusados de difamación. Maldivas ha sido escenario de protestas masivas de periodistas que se han echado a las calles para protestar, entre otras cosas, por los planes del Gobierno de volver a penalizar los delitos de difamación. En Malasia, donde el caricaturista Zunar ha vuelto a ser detenido por las autoridades, la ley de Sedición, la de Secretos de Estado y la de Comunicaciones de 1998, sofocan todo intento de periodismo independiente. Caso similar al de Tailandia, donde los delitos de Lesa Majestad son sólo la punta del iceberg de un marco legal de los más represivos del continente. La muerte del monarca y el proyecto de referéndum para una modificación constitucional han tenido especialmente amordazados a los informadores en Tailandia, donde la comisión electoral llegó a prohibir a todos los medios, excepto a la Junta Militar, hacer campaña por el no en el referéndum constitucional.

 

Australia confirmó la tónica dominante en muchos países, en 2016, con respecto a la privacidad de las fuentes, más cuestionada que nunca este año, y al espionaje indiscriminado e impune a profesionales de los medios de comunicación. La policía australiana irrumpió en la sede de varios periódicos y televisiones en busca de informaciones publicadas. Actitud semejante a otro país que goza de un nivel considerable de libertad de prensa en la región: Japón, cuya ministra de Comunicación amenazó con cerrar medios de comunicación y les recordó su potestad legal de hacerlo sin orden judicial.