INFORME ANUAL 2016 | ASIA CENTRAL

31.12.2016 00:00

 

Introducción:

Cargos falsos continuan llenando las cárceles de periodistas 

 

Enfrentarse a una condena por guardar tabaco en casa; desaparecer durante meses tras ser detenido y acusado de posesión de narcóticos; o permanecer en régimen de aislamiento con privaciones de sueño, tras más de una década en prisión, son algunas de las posibles consecuencias de ejercer el periodismo independiente en esta región.

 

Las largas penas de prisión, por cargos no relacionados con la difusión de información, protagonizaron un año más la realidad de la libertad de prensa en estos países que ocupan la parte más baja de la tabla de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa elaborada por Reporteros Sin Fronteras.

 

En Uzbekistán languidecen algunos de los periodistas encarcelados desde hace más tiempo en el mundo, sin que la situación tenga visos de mejorar. Al contrario, sus familias continúan siendo blanco de las autoridades, que han llegado a condenar a ocho años de prisión al hermano de un periodista exiliado, por tráfico de drogas.

 

El acoso a Soltan Achilova, interpelada en un centro médico al que había acudido para curarse de sus agresiones por informar, demuestra la presión a la que están sometidos los periodistas de Turkmenistán.

 

Kazajistán y Tayikistán persiguen igualmente a todo aquel que se atreve a ofrecer una versión distinta a la oficial, con todo tipo de acusaciones que sorprenden por las elevadas condenas que llevan atribuidas. Lo sabe el periodista kazajo Yaroslav Golyshkin, condenado a ocho años de cárcel por cargos de extorsión y chantaje, o Khikmatullo Sayfullozoda, sentenciado a 16 años de prisión por motivos políticos en Tayikistán.