INFORME ANUAL 2015 | EUROPA Y ANTIGUA URSS

31.12.2015 00:01

 

Introducción:

El terrorismo islamista golpea Europa

 

La libertad de prensa en Europa sufrió graves ataques durante 2015, empezando por el del terrorismo radical islamista que se hizo sentir de una manera brutal cuando atentó, nada más comenzar el año, contra la revista satírica Charlie Hebdo, en Paris. Una masacre en la que perdieron la vida ocho periodistas y dibujantes y que aumentó de forma alarmante la cifra total de periodistas asesinados en el continente: doce. Las secuelas del atentado se llegaron a sentir en ciudades como Copenhague, que padeció dos atentados y varias exhibiciones de violencia por parte de grupos radicales, cuando se organizó una reunión de apoyo al semanario francés, o en Hamburgo, donde las oficinas del Hamburger Morgenpost fueron atacadas tras la publicación de varias viñetas sobre Mahoma solidarias con Charlie Hebdo. Por otra parte, el terrorismo yihadista siguió amenazando y secuestrando a corresponsales europeos, como ocurrió con tres periodistas españoles secuestrados en Siria por el Frente Al-Nusra.

 

Otros informadores fueron víctimas de ataques, encarcelación o agresiones por parte de diferentes gobiernos, como ocurrió en Turquía, con tres periodistas extranjeros, dos británicos y una holandesa, detenidos los dos primeros en Diyarkabir, y la periodista holandesa por “viajar por una zona prohibida” de mayoría kurda, enfrentándose a una condena de más de 7 años de prisión. A lo que se sumó las actuaciones de acoso de los gobiernos ruso y ucranio.

 

El conflicto latente entre Rusia y Ucrania afectó, aunque en menor medida que el año precedente, a la libertad de prensa en ambos países que organizaron acciones de represalia dirigidos tanto a periodistas como a medios de comunicación. Ucrania anunció que los periodistas que trabajaban para algunos medios rusos serían despojados temporalmente de su acreditación con las entidades estatales, y publicó una lista en la que había 110 medios que incluía a las agencias de noticias Itar TASS y Ria Novosti. Rusia por su parte, canceló la licencia de emisión a medios no afines al presidente Putin y no dudo en utilizar fuerzas de élite para doblegar al canal ATR, de Crimea, además de seguir acosando y deteniendo a informadores dentro de su territorio, utilizando su sistema judicial para extender condenas y amenazar con cerrar el acceso a webs como Wikipedia.

 

Pero la libertad de información  no solo se vio amenazada en países escasamente democráticos, sino también en otros con democracias consolidadas. En Francia, el Consejo Constitucional validó la mayor parte de una polémica Ley de Inteligencia que permitirá a las agencias de inteligencia del país hackear, sin una orden judicial, ordenadores y otros dispositivos y espiar las comunicaciones de cualquier persona que entre en contacto con alguien bajo sospecha, permitiendo interceptar mensajes y correos electrónicos entre periodistas y sus fuentes. Por ejemplo, si están señaladas dentro de la lucha contra el terrorismo. En Alemania, el fiscal general público consideró, por primera vez en 50 años, acusar de ‘traición’ a dos periodistas; y en Reino Unido, los servicios secretos tildaron a los periodistas de “amenaza en potencia”.

 

Varios países europeos, entre ellos Alemania e Italia, vivieron la intimidación, amenazas, agresiones y violencia dirigidas a informadores por parte de grupos xenófobos o el crimen organizado, que atacaron a los periodistas que cubrían sus manifestaciones y los amenazaron de muerte. En algunas ocasiones fueron los propios gobiernos los encargados de difamar a los informadores que se negaron a seguir sus instrucciones tildándoles de terroristas, como ocurrió en Azerbaiyán o Turquía. La impunidad en que se mueven estos ataques en países como Rusia o Croacia, que no investigan oficialmente las agresiones, son altamente preocupantes.

 

Por otra parte, la ola de refugiados procedentes de Oriente Medio provocó abusos policiales hacia los informadores que cubrían este drama humano en lugares como Hungría o Croacia, llegando al punto de que la OSCE tuvo que alertar al gobierno húngaro acerca de la protección de los periodistas que trabajaban dentro de sus fronteras.

 

Las legislaciones represivas extremas, en aumento, fueron otra herramienta de acoso a la libertad de prensa, y los medios independientes se defendieron como pudieron de los ataques a los que fueron sometidos por diferentes tipo de gobiernos, tanto autoritarios como democráticos. El retroceso legislativo se saldó con el despido de numerosos periodistas; la aprobación de leyes que exigen que los medios se tengan que registrar en distintos ministerios, y la obligación de publicar o retirar contenidos que el Gobierno de turno considere conveniente o “ilegales”.

 

En España, por ejemplo, quedó aprobada definitivamente la nueva ley de Seguridad Ciudadana, conocida como "ley mordaza", que legaliza una serie de imperativos que obstruyen la libertad de información, expresión y manifestación con graves multas tanto para periodistas como para los ciudadanos. España también puso en vigor la nueva ley de Enjuiciamiento Criminal que impide tomar imágenes -fotografías o vídeos- de los detenidos durante su arresto o en los traslados que se produzcan. En Ucrania, se presentó en el Parlamento un proyecto de ley que incorpora muchas de las provisiones ya existentes en el código criminal y la ley antiterrorismo, prohibiendo “la difusión de la ideología terrorista en todas sus formas” e imponiendo penas de cárcel, de hasta cinco años, junto con la incautación de bienes y una prohibición temporal de ejercer una profesión. En el caso de Turquía, Ankara inició el trámite de una ley para controlar la información en Internet, que permite a las autoridades cerrar sitios web sin necesidad de una orden judicial y que había sido ya rechazada el año anterior por el Tribunal Constitucional.

 

Por si fuera poco, en algunos países, como Alemania, Armenia, Bielorusia o Bulgaria el derecho a la confidencialidad entre un periodista y sus fuentes peligró gracias a las presiones judiciales. Reporteros Sin Fronteras demandó a la Agencia Nacional de Inteligencia alemana, por haber violado la confidencialidad de las telecomunicaciones de la organización.