INFORME ANUAL 2015 | ÁFRICA

31.12.2015 00:01

 

Introducción:

Aumentan los asesinatos de periodistas y los apagones informativos

 

Trece periodistas perdieron la vida en el continente africano, en 2015, por ejercer su profesión, lo que significa un aumento de más del 60% en relación con el año anterior, cuando hubo ocho asesinatos. Siete de ellos se protagonizaron en el país más joven del mundo, Sudán del Sur, que en sus primeros cuatro años de vida jamás ha conocido, ni permitido, la libertad de información. En Somalia, que sigue siendo el país más peligroso de África para los periodistas, fueron asesinados otros tres informadores. Una de las víctimas fue la periodista Hindia Mohamed, presentadora de la televisión nacional. La milicia islamista Al Shabaab, que tres años antes había asesinado a su marido, también periodista, le puso una bomba en su coche. Kenia, Mozambique y la República Democrática del Congo fueron los escenarios de los tres restantes. En ninguno de estos casos se emprendieron investigaciones serias sobre los crímenes.

 

Pero con ser muy llamativo, no es el notable aumento de periodistas asesinados lo que marcó el empeoramiento para la libertad de información en África, en 2015. El peor síntoma fue el oscurecimiento progresivo de la información, más que oscurecimiento habría que hablar de auténticos apagones, que afectan cada día a más países africanos convirtiéndoles en terrenos vedados para los informadores. La opacidad, que es patente desde hace años en lugares como Eritrea, Somalia, Sudán del Sur o Guinea Ecuatorial, se va haciendo dueña de la situación y aumentando en otros países donde empieza a identificarse como normalidad que no se publique nada que pueda considerarse informativo y, menos aún, que suponga la más mínima crítica al poder establecido, caso de Etiopía, Kenia, Nigeria o Burundi, país éste último en donde el intento de golpe de Estado se desarrolló directamente atacando y saqueando los medios de comunicación y no quedó ni un solo medio privado sin destruir.

 

Los gobiernos autoritarios que pretenden perpetuarse y que no se conozcan sus prácticas corruptas son los primeros responsables de este silencio informativo. Para ello utilizan "herramientas" como los cierres de medios, definitivos o temporales, los apagones en Internet, las detenciones de periodistas (frecuentísimas en, además de en los países ya mencionados, Camerún, Chad, Congo, República Democrática del Congo o Yibuti), el acoso judicial contra los directores de medios y reporteros, las amenazas y las multas desmesuradas. Los periodistas que pretendan informar libremente en África se exponen con mucha probabilidad a ser acusados de espías, terroristas o traidores.

 

El terrorismo islamista, por otra parte, se ha convertido en una nueva excusa utilizada por algunos gobiernos para imponer el silencio informativo, prohibiendo cubrir determinados territorios o tratar ciertas temáticas. A su vez, los grupos violentos inmersos en este terrorismo, como Boko Haran en Nigeria, o las milicias de Al Shabaab en Somalia, no permiten la información allá donde se han impuesto, territorios que se convierten en auténticos “agujeros negros” informativos.

 

Como resultado de esta política de opacidad informativa y del dramático cierre de medios, son cientos los periodistas que han tenido que exiliarse de sus países (el caso más dramático este año ha sido Burundi), o resignarse a la autocensura o el cambio de profesión.

 

Es de lamentar que Senegal, uno de los países hasta ahora con más libertad de información en África, en este año hiciera patentes nuevas restricciones para la prensa por la amenaza del terrorismo islamista. Como contrapartida, hay que destacar positivamente que, en Burkina Faso, donde se libró un intento de golpe de Estado cerrando y atacando los medios de comunicación, los ciudadanos salieron a la calle masivamente reclamando su derecho a la información y usaron profusamente las redes sociales para suplir la falta de información de los medios silenciados.