Bahréin

31.12.2016 00:00

 

Puesto 162

de 180 países, en la CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2016 de la Libertad de Prensa

 

 

Superficie: 712 km2

Población: 1.377.237 habitantes

Jefe del Estado: Hamad Bin Issa Al Jalifa

Presidente del Gobierno: Jalifa Bin Salman Al Jalifa

 

 

 

 

BARÓMETRO 2016

  • 0 Periodistas asesinados
  • 0 Internautas y periodistas ciudadanos asesinados
  • 0 Colaboradores asesinados
  • 9 Periodistas encarcelados
  • 5 Internautas y periodistas ciudadanos encarcelados
  • 0 Colaboradores encarcelados

 

 

 

Desde el inicio de las manifestaciones contra el Gobierno, en febrero de 2011, Bahréin reprime implacablemente a los profesionales de los medios de comunicación. Los reporteros gráficos y cámaras, en particular, son a menudo víctimas de intimidaciones, detenciones arbitrarias y cargos falsos de “reunión ilegal”, “ataque al Estado” y “terrorismo” por su cobertura de las protestas, consideradas "ilegales" por las autoridades. Además, la represión y la censura también afectan a la prensa extranjera, que no pudo acceder a los visados necesarios para cubrir el aniversario de las protestas, en febrero. Así, el reino sigue dirigido con mano de hierro por el rey Hamed bin Isa Al Khalifa, que figura en la lista de depredadores de la libertad de prensa de RSF desde 1999.

 

A principios de febrero, un tribunal de apelaciones de Manama, la capital de Bahréin, confirmó la condena contra el fotógrafo Ahmed Al Fardan, que había sido sentenciado un año antes, en febrero de 2015, a tres meses de cárcel por “participar en una manifestación ilegal”. Inmediatamente después, el periodista, que trabajaba para el periódico Gulf Daily News, fue detenido para cumplir la pena. No era la primera vez que Fardan sufría las represalias de las autoridades. En agosto de 2013, fue detenido, golpeado y amenazado de muerte para que entregase las fotografías que había tomado de unas manifestaciones. Ese mismo año, en diciembre, fue detenido de nuevo y golpeado, y no se le dejó en libertad bajo fianza hasta 15 días después.

 

También en febrero, la conocida periodista estadounidense Anna Therese Day y tres miembros de su equipo fueron detenidos mientras cubrían, en la isla de Sitra, las actividades organizadas con motivo del aniversario del comienzo de las protestas en Bahréin. Tras ser interrogados por el fiscal, fueron puestos en libertad con cargos dos días más tarde. Las autoridades acusaban al equipo de “participar en una manifestación ilegal para alterar el orden público”.

 

 El 5 de junio, el bloguero Ali Al Maaraj, conocido por sus críticas al Gobierno, fue detenido sin una orden judicial en el aeropuerto de Manama, cuando se disponía a viajar a Dubai. Hacía tan solo dos meses que había sido puesto en libertad tras pasar 27 meses en prisión por “insultar al rey” y “abusar de la tecnología de la información”.

 

Ese mismo mes, el bloguero y director del Centro de Bahréin para los Derechos Humanos, Nabeel Rajab, fue detenido en su domicilio, también sin una orden judicial, por una unidad de delitos informáticos después de que registraran su casa y le confiscaran varios dispositivos electrónicos. Fue acusado de "publicación y difusión de falsos rumores en tiempos de guerra", "insultos a una institución" e "insulto a países vecinos” por la publicación de varios mensajes en Twitter en los que criticaba el sistema penitenciario y la implicación del Gobierno en la guerra de Yemen. Fue puesto en libertad provisional, a finales de diciembre, a la espera de juicio. Detenido en numerosas ocasiones en el pasado, a Rajab se le prohibió viajar al extranjero la última vez que fue detenido.

 

El 13 de junio, un tribunal de Bahréin ratificó la pena de diez años de prisión para el fotoperiodista freelance Sayed Ahmed Al Musawi y otros 11 acusados. El periodista, que ha ganado más de un centenar de premios internacionales, fue detenido, en febrero de 2014, y condenado, en noviembre de 2015, por “distribución de tarjetas SIM” a personas supuestamente implicadas en acciones terroristas. Sin embargo, su único delito fue fotografiar las manifestaciones contra el Gobierno.

 

La laureada periodista Nazeeha Saeed fue acusada por el ministerio Público, el 17 de julio, de trabajar ilegalmente para medios de comunicación internacionales, en virtud del artículo 88 de la ley que regula la prensa, impresión y publicación, que establece que ningún bahreiní puede trabajar para medios de comunicación extranjeros sin antes obtener una licencia de la Autoridad de Asuntos de Información (IAA), que debe ser renovada anualmente. Sin embargo, Saeed había solicitado su licencia antes de que expirara, a finales de marzo, y la IAA se la denegó. Por ello, Saeed decidió continuar trabajando como corresponsal de France24 y Radio Monte Carlo Doualiya. A finales de año, estaba pendiente de la celebración del juicio, en el que puede ser condenada a una elevada multa.

No ha sido la primera vez que Nazeeha Saeed sufre las presiones del régimen. En junio, las autoridades le impusieron una prohibición que le impedía salir del país. La periodista lo descubrió cuando se le denegó el embarque en un vuelo con destino a París, a donde viajaba por vacaciones. Saeed lleva años luchando porque se haga justicia, tras haber sido torturada, en 2011, durante 13 horas por la policía en la comisaría de Rifa, tras su cobertura de las manifestaciones a favor de la democracia. El caso nunca fue investigado por las autoridades, que han argumentado falta de pruebas.

 

El 29 de noviembre, el periodista Faisal Hayyat fue condenado a tres meses de prisión por publicar un tweet considerado insultante para “un símbolo y un grupo religioso”, un delito contemplado en el Código Penal. Sin embargo, su detención, el 9 de octubre, se produjo pocos días después de que publicase en Facebook una carta abierta a las autoridades de Bahréin en la que criticaba la corrupción gubernamental, denunciaba las violaciones de la libertad de expresión y describía el maltrato que recibió mientras estuvo detenido, durante casi tres meses, en 2011, por participar en una marcha celebrada para defender la libertad de prensa. El periodista presentaba, desde 2013, un programa satírico semanal sobre política, negocios y asuntos sociales en su canal de YouTube, ‘Sha7wal’, y tenía decenas de miles de suscriptores. Aunque en los últimos meses se conocía por su actividad en varias plataformas y redes sociales, Hayyat también había trabajado para el canal de televisión deportiva catarí Al-Kass y para el periódico Al-Bilad.

 

Por otro lado, 14 informadores continuaban en la cárcel a finales de año. Entre ellos, el reconocido fotógrafo de renombre internacional Ahmed Humeidan, que fue condenado a diez años de prisión, en 2014, acusado de participar en un ataque a una comisaría de policía. Sin embargo, este periodista siempre estuvo vigilado por las autoridades, ya que había documentado en varias ocasiones el movimiento de protesta contra el régimen bahreiní.

 

También seguía en la cárcel Mahmood Al Jazeeri, corresponsal del periódico independiente Al Wasat, acusado de apoyar actividades terroristas, supuestamente financiadas por Hizbulá y la Guardia Revolucionaria de Irán, unos cargos que podrían suponer la cadena perpetua. La víspera de su detención, el 28 de diciembre de 2015, el periodista había escrito un artículo sobre un polémico proyecto de ley que preveía la expropiación de viviendas estatales a familias a cuyo responsable le hubiesen retirado la nacionalidad.

 

Sin embargo, el caso más  emblemático de la represión en Bahréin es el de Abduljalil Al-Singace, bloguero y jefe de la oficina del Movimiento Al-Haq para las Libertades Civiles y la Democracia, condenado a cadena perpetua por un tribunal militar, en junio de 2011. Al-Singace es prisionero de conciencia y miembro de “los 13 de Bahréin”, un grupo de activistas detenidos por el Gobierno por su papel en las protestas pacíficas, en 2011, y, posteriormente, acusados de llevar a cabo actividades terroristas.

 

Además de estos casos de represión directa, Bahréin también es conocido por la vigilancia digital de los periodistas y activistas de derechos humanos, para lo que cuenta con la ayuda de empresas occidentales como FinFisher.