INFORME ANUAL 2016 | ÁFRICA

 

 

Introducción:

Mas cierres de medios, exilios y apagones generalizados de Internet

 

Seis periodistas fueron asesinados en África a lo largo de 2016 mientras preguntaban, fotografiaban o elaboraban información, prácticamente la mitad de los que murieron por informar el año anterior, que fueron 13. Los asesinatos se efectuaron en Guinea Conakry, Kenia, la República Democrática del Congo, Somalia y Sudán del Sur. Además, un periodista sigue desaparecido en  Burundi. Esta notable reducción de asesinatos no significa en absoluto que hayan mejorado las condiciones para la libertad de información en el continente, incluso, más bien, se puede analizar el dato desde el ángulo contrario, porque en muchos países sencillamente lo que sucede es que se ha dejado de informar; en otros, los medios independientes han desaparecido o están en vías de extinción; en varios más, los periodistas tienen que exiliarse, dejar de serlo, o refugiarse en la autocensura para no morir, no ser detenidos y encarcelados o para evitar ser despedidos. En ninguno de los países del continente puede decirse que las cosas hayan mejorado, en 2016, en materia de libertad de prensa.

 

De hecho, África es el continente con mayor número de depredadores de la información en la lista que cada año publica RSF: Nueve presidentes (los de Burundi, Eritrea, Gambia, Guinea Ecuatorial, República Democrática del Congo, Ruanda, Sudán, Sudan del Sur y Zimbabue) y el grupo islamista Al Shabbab de Somalia, están en esa lista desde hace varios años. Y ni siquiera hace falta que haya un presidente depredador para que cuando convenga al poder, por ejemplo en época electoral o cada vez que arrecian las protestas sociales, el dirigente de turno decida de inmediato apagar Internet, silenciar las redes sociales y cerrar, secuestrar o sancionar a los medios que se atrevan a criticar al poder, dar espacio a la oposición o poner un micrófono a los grupos disidentes.

 

Veintiún periodistas siguen encarcelados en África cumpliendo penas injustificadas por publicar información y este año han sido detenidos, acusados, golpeados y/o amenazados por la policía docenas de ellos; más de un centenar se han visto obligados a exiliarse, sobre todo de Burundi y Ruanda; y varias docenas más han sido suspendidos y expulsados de su trabajo.

 

La situación más nefasta sigue siendo la de Eritrea, el pozo negro del periodismo en África, donde once periodistas de los que no ha vuelto a saber su familia desde hace años, siguen en cautiverio sin acusación ni posibilidad de defenderse. Pero también sigue siendo muy peligrosa Somalia, donde hay fuego cruzado contra los periodistas desde el gobierno, los yihadistas y el autoproclamado gobierno de Suazilandia, y no mejora, sino que, al contrario, empeora notablemente la situación en la República Democrática del Congo, lo mismo que en Ruanda, donde el presidente se muestra dispuesto a perpetuarse en contra de sus propias leyes silenciando medios y periodistas. También empeoran las cosas en Sudán, en Guinea Ecuatorial, en Zimbabue y en Burundi, donde la obstinación presidencial ha destruido la práctica totalidad de medios independientes del país, que ha perdido once puestos en la clasificación mundial de la libertad de prensa e RSF. El caso de Sudán del Sur es especialmente dramático y triste, este año ha perdido 15 puestos en dicha clasificación, y en sus pocos años de historia independiente nunca ha conocido la prensa libre.

 

Los grupos yihadistas que operan en países como Somalia, Mali o Nigeria, también cercenan la libertad de información, con mayor crudeza aun que los dictadores, al generalizar sus amenazas para cualquiera que trabaje en un medio de comunicación extranjero o utilice Internet.